Reseña | Un enemigo del pueblo

"Un enemigo del pueblo". Representación del sábado 10 de noviembre. Teatro Central

Versión libre y dirección: Álex Rigola.

Dramaturgista: Ferran Dordal.

Intérpretes: Nao Albet, Israel Elejalde, Irene Escolar, Óscar de la Fuente y Francisco Reyes.

Dirección de producción: Jordi Buxó y Aitor Tejada.

Producción ejecutiva: Pablo Ramos Escola.

Escenografía: Max Glaenzel.

Iluminación: Carlos Marquerie.

Diseño gráfico: Patricia Portela.

Comunicación: Pablo Giraldo.

Ayudante de dirección: Alba Pujol.

Asistente a la dirección y la producción: Lucia Díaz-Tejeiro.

Producción: El Pavón Teatro Kamikaze.

"El hombre más fuerte del mundo es el que está solo"

El Dr. Stockmann, como otros muchos personajes de la historia del teatro, se convierte en uno de esos personajes atemporales. Él y su historia bien podrían haber sido situados en 1882, cuando Henrik Ibsen escribió el texto. En nuestro presente, momento en el que se está representando su obra o en un hipotético futuro más o menos lejano. Y es que el conflicto que comparte el Dr. Stockmann con el patio de butacas no es ninguna nimiedad. Plantea una dicotomía entre la ética y el poder que Álex Rigola y la gente de El Pavón Teatro Kamikaze han agarrado con gusto.

El Dr. Stockmann denuncia que la principal fuente de actividad económica y de ingresos del pueblo, el balneario, al que acuden miles de personas y que está en alza año tras año tiene sus aguas contaminadas. Ante el peligro para la salud que esta situación puede acarrear, el protagonista, siendo más o menos consciente, se colocará en la diana de todo un pueblo que verá peligrar no solo su bienestar actual, si no la estabilidad económia futura.

Como era de esperar, lo que presenta el equipo del Kamikaze no es una versión al uso. Se convierte más bien en una pseudo asamblea, de ahí que al título se le añadiese "(Ágora)", donde lo que se propone no es tanto la representación del texto sino más bien el análisis y debate con y para los espectadores. Y es que el texto de H. Ibsen es extrapolado a la realidad del Kamikaze donde ellos se preguntan si como beneficiarios de subvenciones públicas deben callar su opinión ante ciertas cuestiones sociales de primer orden para no perder las ayudas que dan soporte a su proyecto artístico.

Aunque lo interesante de la propuesta no es que ellos se hagan esta pregunta, nada más comenzar podremos entender que la tienen más que contestada, si no que la pregunta tendrá que ser contestada por el patio de butacas, junto con otras dos preguntas más a través de una tarjeta verde (si) y una tarjeta roja (no) que serán las papeletas a contabilizar de manera escrupulosa por los actores y parte del equipo de sala del teatro. El público es invitado, aunque el voto por supuesto es libre, a pronunciarse e involucrarse en este arduo debate.

Bajo este planteamiento, donde la historia del balneario y la del Kamikaze se cruzan, se abordan cuestiones como la corrupción del poder, la libertad del voto, la autocensura o el grado de compromiso con nuestra propia ética. Y, desde luego, en esta función la falta de compromiso del "pueblo"se pone de manifiesto. El público sevillano manifestó con su voto y de forma mayoritaria que creía en la democracia como sistema de gobierno, apoyó también de manera rotunda que el Kamikaze debía ser un proyecto artístico libre para pronunciarse ante cualquier cuestión, independientemente de que sean beneficiaros de ayudas públicas. Pero en la tercera y última votación el bolsillo pudo más que los principios anteriormente manifestados y, por apenas cuarenta votos de diferencia, se decidió por mayoría simple que la acción reivindicativa (suspender en ese mismo momento la representación como acto de apoyo a la libertad de expresión) que nos habían propuesto desde el escenario no se llevaría a cabo. Posteriormente a esto la representación de Un enemigo del pueblo se desarrolló con normalidad. Culminando la función con una asamblea abierta al público.

La propuesta es tremendamente impactante, por lo menos la primera media hora donde los propios actores le hablan al espectador cara a cara y se llevan a cabo las votaciones. El patio de butacas se presta al juego y todo parece presagiar que van a suceder muchas cosas dentro del teatro esta noche. Aunque parece que una vez se decide realizar la representación, motivo real por el que nos habíamos reunido, el espectáculo parece perder cierto atractivo. Y aunque tenemos en escena a un elenco brillante, el hecho de mantener en todo momento sus nombres reales, dentro o fuera de la historia del balneario, o mantener vestuario y puesta en escena del preludio puede hacer que el espectador no se meta de lleno ya que espera algún tipo de conexión más con esos actores "reales" del principio.

Es tremendamente necesaria, interesante y agitadora esta versión de Alex Rigola. Los primeros compases de la función consiguen involucrar al público al máximo y se prestan a dejar en sus manos el devenir de la función. Quizás por eso, colocar las expectativas en algo volátil e inesperado hace que la función tenga dos caras y esto juegue en contra de la segunda. Aun así, el Kamikaze plantea un proyecto muy valiente que sigue fiel la estela marcada por el proyeceto que Miguel del Arco e Israel Elejalde abanderan desde la capital.

Alberto Mejías.