Reseña | Todo lo que no soy

"Todo lo que no soy". Función del sábado 19 de enero de 2018. Casala Teatro.

Creación e interpretación: Carlota Berzal.
Operador de luz, sonido e intérprete: Federico Tarántola.
Producción: Compañía La Turba.

Proyecto que se desarrolla dentro de la residencia artística 23,8% en la Sala Guirigai de los Santos de Maimona (Extremadura) en julio del 2014.

Agradar. Gustar. Impactar. Conmover. Entretener. Impresionar. Conquistar. Divertir. Escalar. Triunfar. Eso y otras muchas cosas es lo que intenta Carlota Berzal en este casting íntimo. Una obra performatica en la que la artista se expone ante el público y el operador técnico. Ambos se convierten en el 'jurado' que valora el trabajo de la intérprete. Un trabajo que irremediablemente, como sucede en la vida, la aleja de su esencia para obligarla a parecerse a otra artista que no es ella. Berzal afronta con valentía la hora y media de exposición ante las veintiocho personas que llenan la coqueta y especial sala del mercado de Triana. Y lo hace con un desparpajo que se agradece, manteniendo el texto vivo e incorporando todo lo que los espectadores aportan con sus comentarios. Carlota Berzal improvisa a partir de las ocurrencias de un público que se divierte en los momentos donde el guion deja paso a la fantasía.

El montaje, que nace a raíz de una residencia artística en 2014, ha pasado por España, Italia y Argentina ente otros lugares. Desde el primer minuto la pieza se presupone dinámica, cómica e ingeniosa pero sin desatender la crítica a un mercado impersonal que aleja a los artistas de sus ideas para acercarlos a la prostitución del arte. Y eso se ve desde que la protagonista explica a través de cartulinas todas las habilidades que posee: actriz, bailarina o pianista entre otras. Aunque claro, el piano no cabe, al igual que no caben otras muchas cosas que no importan. No importan porque con Carlota basta. Se convierte en un disfrute verla luchar contra ella misma y contra todos, mostrando y demostrando que canta, baila y toca instrumentos. Roza lo clownesco y ese saber estar en la miseria para convertirla en carcajadas. También lo cabaretero. Una lástima que no introdujera más y más fórmulas para ganarse al jurado, se quedan cortas porque apetece verla haciendo más, incluso en disciplinas inventadas. El punto fuerte de la pieza experimental es el repaso al videobook de la actriz donde muestra, a partir de imágenes de su infancia, sus primeros pasos encima de un escenario.

El realizador, artista plástico, narrador y periodista Federico Tarántola acompaña la puesta en escena a partir de sus comentarios. Además hace un buen manejo de las luces, algo difícil en un espacio tan reducido. Les saca todo el partido posible. La Turba cuenta con un lustro de vida y con numerosos reconocimientos a los que se le suma este exitoso regreso a la capital hispalense.

A pesar de su juventud, Carlota Berzal se ha curtido con trabajo hasta convertirse en una todoterreno que toca todos los campos artísticos y los impregna de personalidad. Un sello que se deja ver en los momentos finales de la obra donde agudiza la crítica y la solista se desnuda de todo lo que no es para quedarse en la esencia. Ahí aparece la danza butoh y el momento más intimista de la pieza, que borra de un plumazo cualquier atisbo de sonrisa anterior para transportarnos a la bofetada real de quedarse en la piel, sin maquillaje ni envoltorio. ¿Quiénes somos realmente? Esa es la pregunta que La Turba lanza al espectador. Nosotros no sé, pero La Turba es personalidad, buen hacer y camino.

Fran Garcon.