Reseña | SEPELIO - Triana ha muerto

"SEPELIO - Triana ha muerto". Función del domingo 27 de octubre de 2019. Sala El Cachorro.

Texto y dirección: Verónica Rodríguez

Elenco: Migue López y Carolina Montoya*

*En noviembre está Eva Gallego.

A veces pensamos, ilusos, que lo que tenemos será para siempre. Y caemos en el error de no cuidarlo. La crisis que empezó hace una década arrasó con espacios y compañías pequeñas, familiares. A esto le sumamos la feroz especulación inmobiliaria que ataca a zonas señaladas de la ciudad como la Alameda o Triana.

Acudir a la Sala El Cachorro se convierte en un verdadero ritual: cruzar el puente de los toldos y sumergirte en uno de los barrios más especiales de Sevilla. Pasear por calles estrechas, alegres, repletas de flores en los balcones y fachadas blanco nieve. Entrar en la calle Procurador es pulsar el botón de la pausa, de la desconexión. Al inicio está el bar, acogedor, pero lo importante -al menos para mí-, está al fondo. Antes un patio hermoso con personas que charlan, ríen y están. Al fondo, como digo, una puerta gris anuncia la entrada a la sala. Al milagro. Porque el teatro es un milagro y hacer teatro doblemente milagroso.

Verónica Rodríguez aterrizó en esta sala con poco más de diez años y se dedicó a aprender de los que ya estaban. Y aprendió tanto que pudo enseñar lo que sabía, contar sus historias y homenajear, de alguna manera, todo lo que el espacio le ha dado.

Si sumamos todas las palabras de este texto, de la primera a la última, y la metemos en una coctelera tendremos como resultado SEPELIO - Triana ha muerto. Pieza escrita y dirigida por Verónica, una obra cómicamente dramática sobre la vida, la muerte, la memoria histórica y la especulación inmobiliaria. Con unos intérpretes de nivel, Migue López -extraordinario- y Carolina Montoya, el espectáculo repasa la historia de un barrio que ha sufrido más de lo que dicen las postales. Acostumbrados a tontear con el exilio más de una y dos veces, ahora los pisos turísticos parecen azotar la tranquilidad de unas familias que han levantado el lugar.

Casi una hora de risas, de teatro popular, ternura, emoción y memoria histórica. Casi una hora para recordar quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. Por experiencia, los espacios de resistencia suelen estar cargados de generosidad, miradas cómplices y lucha que sale de las entrañas. De un amor que transporta a la infancia, a los primeros pasos. Y todo eso está en escena durante la función.

Al salir cae una cerveza, un trozo de pizza -horrible para la dieta pero todo lo contrario para el paladar-, muchos abrazos y un deseo: volver. Con la idea de conseguir atraer más público, tanto de la zona como de otras partes de la capital hispalense; y de formar una programación regular para la sala, SEPELIO - Triana ha muerto se convierte en esa pequeña pica en Flandes. Estarán, de momento, todos los sábados y domingos de noviembre. La respuesta del público será lo que determine la vida de una obra que sólo se representará en este espacio. A la hora de decir adiós también hay un ritual: mirar atrás y sonreír.

Fran Garcón.