Reseña | Perra de nadie

"Perra de Nadie". Función sábado 27 de octubre de 2018. Sala pequeña Centro TNT Atalaya (MITIN).

Función sábado 27 de Octubre (Sala pequeña)

Creación e interpretación: Marta Carrasco.

Dirección: Marta Carrasco, Pep Cors, Antoni Vilicic.

Escenografía: Marta Carrasco.

Vestuario: Pau Fernández y Cía. Marta Carrasco.

Iluminación: Quico Gutiérrez.

Producción técnica: Antoni Vilicic.

"...aquí y ahora Lili está sola, como lo estaba hace veinte años en otros lugares... Lili es una perra, porque perra se nace, no se hace. Es Perra de Nadie"

Un espacio en penumbra. Una mesa y una silla en primer término. Bajo la mesa un enorme cuenco de latón, de los que utilizamos para depositar la comida de nuestros canes domésticos. Colores fríos. Al fondo, en la esquina opuesta a la mesa, palos de diferentes alturas en pie vestidos con jirones de tela, dispuestos en círculo. Más al fondo se intuye un vasto tejido carmesí extendido sobre el suelo. Colores cálidos.

De un solo vistazo este lugar entre lo onírico y lo decadente, repleto de elementos, nos atrapa como pequeños insectos en una tela de araña. La curiosidad nos empuja a querer ir más allá. No nos da tiempo, la luz cambia y dentro de esa especie de jaula construida con palos y telas, aparece una figura ataviada con lo que parece un viejo vestido de novia, con un miriñaque por fuera, maltrecho, un corsé y prótesis ortopédicas en antebrazos y cuello. Una peluca de pelo corto corona a este personaje risueño y hablador, entre lo inocentemente tierno y lo grotesco. La luz se hace en el patio de butacas y esta mujer vivaracha y extraña trepa por la grada saludando, abrazando y besando a todo el público. Luego vuelve a escena mientras la luz del patio de butacas cae. Se despoja de cada prótesis, del miriñaque, del traje de novia viejo y de la peluca. De este modo, rompiendo la cuarta pared, Marta Carrasco acaba de atrapar nuestra atención y nos invita a aceptar de buen grado toda la provocación y transgresión que va a ir construyendo a continuación.

Perra de Nadie viene avalada por la impecable trayectoria y profesionalidad de su intérprete y su compañía. Una mujer que demuestra una depurada técnica y saber estar en el escenario. Camina por él como si estuviese en casa, con esa comodidad incómoda que hace que su cuerpo irradie verdad en cada movimiento, en cada imagen, en cada estado de ánimo. Porque

Marta Carrasco en este espectáculo baila, interpreta, presenta e incluso en ciertos momentos roza el lenguaje de la performance, ejerciendo de maestra de ceremonias en sus varios diálogos con el íntimo auditorio de la sala pequeña del Centro TNT. Un acierto para mirar bien esta obra. Es capaz de hacernos transitar desde lo dramático a la comedia, desde la belleza a lo incómodo, desde la emoción a lo ridículo. Capaz de reírse de sí misma y todo lo que le rodea y llorar al minuto siguiente. Nos deja participar de un viaje vertiginoso que edifica sobre una muy buena elección musical, ofreciéndonos diversas secuencias interactuando con los elementos que habitan la escena. Representa en cada una de ellas estados de ánimo, situaciones o momentos que tal vez parecen tener algo de biográfico y que nos hacen empatizar en más de una ocasión. Estas pequeñas escenas las enlaza no sólo a través de la música, sino también de los cambios de vestuario y de la utilización dramática de los objetos en el espacio escénico. Los trajes se convierten en un personaje más que toma vida y muere. Acciona con ellos construyendo imágenes de gran potencia expresiva. Se despoja de un traje y se enfunda en otro y luego en otro y en otro, hasta que hacía el final de la pieza queda semidesnuda. Se despoja de toda máscara y se muestra tal como es y siente. Recoge el cuenco de latón de debajo de la mesa y se sienta en la silla para embadurnar su cuerpo y su cabello con una especie de arcilla que hay en el interior del mismo. Este es su último traje. Cada cierto tiempo a lo largo de la obra suena el gruñido de un perro o de una perra, que parece ir tomando vida en la intérprete cada vez con más claridad y violencia. Además de este destacan varios momentos de enorme impacto y belleza, como cuando se venda la cabeza completamente, engalanada con un traje de plata, o cuando acciona con la enorme tela carmesí a modo de vestido, dotando a los brazos y el rostro de un protagonismo y expresividad realmente brillantes. Todo acompañado y reforzado por un excelente trabajo de iluminación. No obstante y siendo honesto como espectador, otros momentos resultan algo largos por lo que tienen de repetición y quizá podrían haberse resuelto con una menor duración, manteniendo así la tensión y atención inicial en el espectador. Algunos silencios más largos es algo que se echa en falta desde la platea para asimilar la cantidad de información que se lanza desde la escena. El espectador a veces puede llegar a perderse y divagar buscando el sentido de lo que ve.

Aun así estamos ante un espectáculo muy arriesgado y muy personal, de esos que hacen falta en el panorama cultural español. No extraña que sea uno de los platos fuertes de este MITIN que camina con paso seguro. Un trabajo elocuente y valiente que la actriz-bailarina ejecuta a la perfección con un palpable amor y respeto por lo que hace. Se agradece enormemente el rigor de Marta Carrasco, pues su cuerpo grita en escena con madurez y sabiduría. Dice que es su último trabajo. Perderemos una intérprete de las que no dejan indiferente. Seguro ganaremos una directora comprometida y honesta.

Raúl G. Figueroa