Reseña | Plancton, historias de errantes

"Plancton, historias de errantes". Función del domingo 25 del 2018. TNT Atalaya (CINTA).

Compañía: Hilo Rojo Teatro.

Dirección: Joaquín Galán.

Interpretación: Riccardo Benfatto, Giulia Espósito, Santiago Rivera.

Textos originales: Selu Fernández, Emmanuel García, Riccardo Benfatto.

"Cuando emprendas el viaje a Itaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias..."

Constantino Cavafis


Entrar en el teatro y ver a los actores ya en la escena, congelados en una imagen que, sin embargo, proyecta fuerza y energía, actitud y compromiso, es algo que siempre me seduce y apasiona como espectador, invitándome a formar parte de lo que quiera que vaya a acontecer en ese espacio y en ese tiempo reservados para dar cabida al rito teatral.

Este es el punto de partida de Plancton-historias de errantes, de la compañía Hilo Rojo Teatro, que pudimos disfrutar dentro de la programación del CINTA de este año, en la sala pequeña del Centro Atalaya TNT.

Porque es una obra que ciertamente se deja disfrutar desde la primera acción hasta la última frase. Toma vida como una bacanal de belleza y poesía que se construye en torno a una aparente sencillez que, no obstante, en teatro, siempre esconde un proceso artesano y bastante más complejo.

Partiendo ya desde el título, con el que se nos hace un paralelismo entre el plancton, que no puede detener su movimiento, con las personas que necesitan ese continuo camino, ese constante cambio, el devenir y el viaje para su desarrollo artístico, que queda indisolublemente unido a su desarrollo y crecimiento personal.

Para reflejar esto, director y actores utilizan de forma inteligente los elementos de la escena, los cuales simbolizan a través de potentes imágenes muy poéticas, este largo e incesante viaje. El elenco de sirve de muchas maletas antiguas, con las que van creando situaciones, espacios o atmósferas sobre las que se apoyan para dar vida a los textos y personajes. No hay que olvidar los tres abrigos de los comediantes que,acartonados, han quedado colgados en el proscenio al principio de la pieza y se mantendrán como imagen estática hasta el final de la misma. Tres pequeños globos terráqueos en el aire al fondo. Siempre iluminados, siempre presentes. La arena que a veces simboliza el correr del tiempo o ese hilo rojo que de pronto irrumpe en escena casi sin darnos cuenta, y que parece jugar a homenajear el nombre de la compañía.

Un drama que se sirve del canto y la música en directo (violín, acordeón y flauta travesera) que generan los propios actores. También del movimiento y la acción física, las secuencias corales y alguna pincelada de otras disciplinas como la Comedia del Arte o la manipulación de títeres.

Asistimos, por tanto,a una apuesta actoral muy dinámica y rica, en la que los dos actores y la actriz transmiten una enorme compenetración y disfrute. Sin duda uno de los atractivos de este espectáculo. Una propuesta firmemente asentada en la técnica, alternando momentos dramáticos y oníricos con otros más cómicos y dinámicos. Esta robusta locomotora teatral avanza además con un ritmo medido y magistralmente contrastado, donde los estallidos corales se solapan con la pausa, con el silencio, con la oscuridad, con los momentos íntimos de cada una de las individualidades que habitan la escena.

Sin duda es un esfuerzo en la investigación que se ha llevado a cabo codo con codo entre los actores y el director Joaquín Galán, que les ha guiado con pasión y rigor por estas enrevesadas sendas del teatro. Han conseguido entre todos una representación redonda, que hace que nos bajemos de este mundo frenético para reflexionar acerca de cómo caminan y enfrentan la vida estos errantes que pueblan la tierra.

Se consigue además una sólida conexión dramatúrgica entre textos que son independientes y de diferentes estilos, hilándolos en determinados momentos con pasajes del emblemático poema Itacas de Cavafis.

Santiago Rivera, Giulia Espósito y Riccardo Benfatto brillan tanto en el trabajo individual como en el coro y sostienen una energía grupal claramente comprometida con la idea. Transitan con facilidad de un lenguaje a otro, poniendo en juego una técnica que les sirve bien. Si bien el trabajo de todos ellos es digno de halago y reconocimiento, tal vez la frescura que la actriz Giulia Espósito imprime a sus textos y a su personaje, la hace destacar en algunos instantes, mostrando una gran carga de verdad escénica.

La dirección de Joaquín Galán es concienzuda y surge claramente desde un profundo sedimento formado por el conocimiento de la historia del teatro y sus técnicas. La erige con la mano certera del cirujano y los sentidos y el alma del poeta. En buen equilibrio entre la propuesta de escena (objetos, luz, símbolos ) y la dirección de actores .

Por momentos, sin embargo, vemos demasiado la técnica de todo este entramado, los entresijos, las estructuras. Esto hace que textos de enorme belleza y profundamente emotivos, se nos alejen de pronto como espectadores y adquieran cierta frialdad, cierta distancia. Tal vez ese equilibrio entre técnica y verdad escénica vaya llegando con el rodaje de la obra, porque todo lo demás se acerca mucho al anhelo de ese teatro sencillo, hecho con solo lo necesario y en el que todo tiene un porqué y un para qué. Ese "teatro pobre" tan enormemente enriquecedor.

Teatro como vivencia, como reflexión. La compañía Hilo Rojo se presenta como un claro valor en alza en el panorama teatral sevillano .

Raúl G. Figueroa