Reseña | La maldición de los hombres Malboro

Luis Castilla
Luis Castilla

"La maldición de los hombres Malboro". Función del miércoles 31 de octubre de 2018. Centro Cultural de La Villa (La Rinconada).

Idea original, coreografía y dirección: Isabel Vázquez.

Dramaturgia: Gregor Acuña-Pohl.

Intérpretes: David Barrera, David Novoa, Arturo Parrilla, Javier Pérez, Baldo Ruiz e Indalecio Segura.

Covers: Javi Ruiz, Álvaro Copado y Maximiliano Sanford.

Iluminación: Carmen Mori.

Espacio sonoro: Santi Martínez.

Compañía: Excéntricas Producciones. 


"Se trataba de no ser una mujer. Me impusieron ser un hombre como un deber, o lo que es lo mismo y por eliminación, el no ser una mujer. Como si la peor suerte existente para un hombre fuese ser eso, una mujer. Y tuve que aprender lo que es ser un hombre y tuve que aprender lo que es ser una mujer".


Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Y en el caso de La maldición de los hombres Malboro parece estar bendecida de siempre. Desde su estreno el pasado año- localidades agotadas días antes- en el claustro del Monasterio de San Isidro del Campo dentro del Festival de Danza de Itálica. Comandados por Isabel Vázquez, estos hombres Malboro han derrochado compromiso y talento por todo el territorio nacional, cosechando éxitos de crítica y público.

El espectáculo refleja la incapacidad de sentir y expresar las emociones, las ataduras a un sistema patriarcal que poco a poco se va desmoronando, y la necesidad de mirarse a uno mismo desde la orilla de la libertad. Algo tendrá el agua... Tres galardones en los Premios Escenarios y otros tres en los Lorca, más las tres candidaturas a los Premios Max. Estos varones conquistan al respetable desde la implicación, la sinceridad y el elegante trabajo plástico. Siempre aliñados con toques de humor que se agradecen.

Confieso que no es la primera vez que veo el trabajo de Excéntricas Producciones. Acudí en marzo al Teatro Lope de Vega y me alegra salir con el mismo sentimiento de aquel día. Durante una hora el espectador está delante de una de las propuestas más potentes de los últimos años. Una mezcla de teatro y danza que, visto lo visto, no deja indiferente a nadie.

Vázquez ha sabido rodearse de un buen equipo. Bailarines, antiguos alumnos suyos, que con carreras nacionales e internacionales se reúnen para gritar a las butacas incómodas que bailar, llorar, vestir como se quiera o pasear el carro del bebé es tan de machotes como desgañitarse en un campo de fútbol. Y lo hace con ironía desde el espejo que nos refleja pero que a la vez se parte de risa con lo que somos o nos han impuesto ser. Tal vez por no llorar. Tal vez para poder empezar a cambiarlo. EAdemás inyecta adrenalina al público con pasajes como el de la haka de rugby, el Macho men a capela, o el brillante Hombre Blandengue. Es curioso el uso de las chaquetas durante todo el montaje.

Utilizan la danza contemporánea, actual, y la hacen accesible para el público, entendible, seduciendo hasta el punto de dejarlo con ganas de más. Los intérpretes brillan hasta el punto que sería injusto destacar a unos por encima de otros. En muchas ocasiones recae sobre Arturo Parrilla el peso de lo que ocurre, mientras que Baldo Ruiz sostiene un monólogo que, a poco que no seas un témpano de hielo, sobrecoge. Su imagen siendo paseado a hombros por el resto del equipo mientras llora se queda guardada en las retinas. Santi Martínez se hace cargo del espacio sonoro, parte fundamental; mientras que Carmen Mori da enjundia al montaje con la iluminación. La primera imagen de la obra con los focos apuntando al exterior de la caja escénica es muy potente.

El espectáculo muestra una realidad candente con sensibilidad y sin ánimo de aleccionar a nadie. Deja en el aire más preguntas que respuestas. Teatro necesario y oportuno. Adorable. Sí, porque ya se puede decir así sin recibir miradas incómodas. Algo tendrá el agua... ojalá sirva para que no la desperdiciemos y la fuga de cerebros cada vez sea menor. Hay talento y ganas de contar historias, ahora toca cuidar a los artistas. 

Fran Garcón.