Reseña | La donna immobile

"La donna immobile, dormirse virgen y despertarse madre de gemelos". Función domingo 11 de noviembre. TNT Atalaya.

Texto y dirección: Rakel Camacho

Interpretes: Rebeca Matellán, Trigo Gómez y Rakel Camacho.

Compañía: La Intemerata (Madrid).

" A partir del cuento original de La bella durmiente ( Sol, Luna y Talía de Gianbattista Basile, 1635 ) nos hemos metido en el tremendo jardín de las violaciones sexuales, con la cantidad de conflictos que ello supone. En el cuento original, Talía se duerme virgen y despierta madre de gemelos. Hemos investigado, indagado, hemos metido el dedo en la llaga haciéndonos mil y una preguntas sin conseguir respuestas".

En la entrada al teatro nos piden que cojamos una piedra blanca de un montón que hay sobre una mesa.

Una vez dentro, el escenario, habitado ya por dos personajes sentados y ataviados con una máscara carnavalesca de un animal felino, se nos aparece dividido en dos mitades: una zona a un lado con un cuadrado grande de césped y un gran cactus de donde nace una flor y un enorme tiranosaurio hinchable, entre otros muchos elementos; y en el lado opuesto una cinta roja marcando otro cuadrado de las mismas dimensiones; una camilla al fondo, una ballena hinchable... las tablas repletas de elementos que servirán para crear la situación e hilar la acción a lo largo de la obra.

Estamos ante la pieza ganadora del último CENIT. Además se ha hecho también con el premio a la mejor interpretación. No es de extrañar, ya que se vislumbra un trabajo de investigación meticuloso y comprometido.

La historia, cruda y descarnada, narra, a partir del cuento original de La bella durmiente, el trance de Talía, que se queda dormida siendo virgen y se despierta madre de los gemelos Sol y Luna, fruto de una violación aprovechando su sueño profundo. Érase una vez un cuento muy alejado de la edulcorada versión de Disney que ha llegado a nuestros hogares y que llega cargado de escalofriantes similitudes con algunos casos de nuestra historia reciente, como la tan traída y llevada triste manada. Se siente verdadero pavor cuando uno se para a pensar y comprueba que llevamos siglos repitiendo los mismos patrones de comportamiento. La compañía nos presenta para empezar la violación de forma cruda, sin poesía, sin adorno teatral, que prepara para una durísima denuncia sobre la situación de violencia sexual que sufren las mujeres actualmente en nuestra sociedad: un recorrido que repasa todos los argumentos recientes que los colectivos feministas denuncian, desde el acoso, pasando por la herencia educacional, la mala educación que da la pornografía, e incluso las letras machistas y denigrantes del reggaeton.

Un espectáculo urgente y necesario. Valiente, muy arriesgado y que claramente se posiciona y toma partido. La escena como púlpito para la denuncia, el teatro como foro para el debate y la reflexión. Esa encomiable labor de este noble arte, que no es tan fácil de generar sin que irrumpa la censura o, aún peor, la autocensura, en una etapa cultural en la que todo lo que rodea el hecho teatral parece tener más peso que el propio hecho teatral en si mismo. Cómo he dicho, en este sentido la compañía se compromete claramente y se agradece como espectador. Construyen una obra que no solo denuncia, sino que además reivindica que meditemos, que seamos honestos, que cambiemos. Para todo ello utilizan inteligentemente los arquetipos del cuento clásico: el príncipe azul, la princesa sumisa y la bruja malvada. Y también los argumentos clásicos, que sitúan siempre a la mujer como la culpable y al mismo tiempo, la artífice de la desgracia. También la malvada, la mujer que actúa contra otra mujer llevada por los celos, la ambición, la envidia. El hombre siempre salva y se salva. Siempre se le justifica. Ocurre en todos los cuentos. Lo preocupante es que lo estamos viendo en algunos juzgados.

Tras esta primera parte de "cuento", los actores rompen literalmente la cuarta pared ( una de las actrices entona la palabra desdramatización y bebe de una botella que pasa al público para que este haga lo mismo ) En este momento la denuncia se hace más clara, palpable, panfletaria ( incluso uno de los actores llega a verbalizar esta idea, en un brillante monólogo sobre la pornografía ) . Los personajes parecen difuminarse y dar voz a los propios actores, que conversan directamente con los espectadores.

Un espectáculo bien estudiado y medido que cumple ampliamente con su objetivo de despertar conciencias y quizá tomar partido, cuando visten al tiranosaurio de príncipe azul y nos hostigan con la bíblica frase "quien esté libre de pecado que tire la primera piedra". La tenemos en la mano, en el bolsillo, en el regazo. Nadie la lanza. Y todos estamos reflexionando en ese instante.

No obstante, y a pesar de una interpretación correcta e incluso brillante en algunos pasajes, la obra puede caer en cierta autocomplacencia, alargando mucho los momentos y esgrimiendo absolutamente todos los argumentos que, además, tenemos muy al día en nuestra cotidianidad. No nos hace falta tanto para entender y asimilar el mensaje y se corre el riesgo de forzar a veces el efecto contrario, distanciarnos en vez de propiciar el encuentro, la empatía. Esto, unido a una estética que por momentos esta por encima del mensaje y lo que pasa, causa a mi entender, algún chirrido en una maquinaria actoral que sin embargo, está muy bien engranada. A veces el exceso de elementos y de acciones paralelas empaña lo realmente importante. Y surge la pregunta de donde acaba lo teatral y surge lo meramente estético y panfletario. Y al mismo tiempo también aparece la duda de ¿y por qué no, por qué no dar protagonismo de pronto a esa estética que rompe con todo lo establecido y a esa denuncia casi de mitin político? Al fin y al cabo el teatro es un arte vivo, cambiante. Un equilibrio sin duda complejo, que obliga a los intérpretes a mantener una concentración rigurosa. Superan el examen no obstante y estamos ante una obra que se agradece por lo que tiene de urgencia, de necesidad, de denuncia vital. Un elenco y una dirección comprometidas con la sociedad de nuestro tiempo. Un tipo de teatro que hay que seguir haciendo, que hay que facilitar por parte de los programadores, que hay que acercar al público, al pueblo. Porque el teatro es reflexión y la reflexión es intensamente necesaria en nuestros días. Un equipo artístico valiente que merece un largo recorrido para esta pieza.

Salimos y volvemos a dejar la piedra en el montón que hay sobre la mesa.

Raúl G. Figueroa