Reseña | Justo a tiempo

"Justo a tiempo (Una conferencia contrarreloj)". Función viernes 14 de septiembre de 2018. Sala Cero Teatro.

Dirección: Fernando Fabiani.
Intérpretes: Práxedes Nieto y Víctor Carretero.
Idea original y guión: Fernando Fabiani, Víctor Carretero y Práxedes Nieto.
Luces y sonido: Manuel Morente "Jull"
Espacio escénico: Aseismanos
Fotografía: Luis Castilla
Producción: Síndrome Clown

Dice la canción que veinte años no son nada. Y esta es una teoría que se desmonta cada vez que Práxedes Nieto y Víctor Carretero (Síndrome Clown) pisan un escenario. Lo son y mucho. Han tenido que aprovechar bien el tiempo juntos en estas casi dos décadas para que ahora, en cada función, sólo haga falta una mirada de refilón entre ambos para que se entiendan hasta ser uno. Esa complicidad unida al buen manejo con el público en las distancias cortas convierten el cóctel en irresistible.

Este parece ser el secreto de la compañía, que comenzó su andadura con Este circo no es normal allá por el año 2000. Espectáculo con la que obtuvieron el premio a la compañía revelación en la feria de teatro de Palma del Río (Córdoba). Ha llovido bastante desde esos inicios hasta que apareciera, hace poco más de un lustro, la conferencia teatralizada o teatro conferenciado -como gusten llamarlo- entre sus obras. Un camino que se abrió con Mejor es... posible y que se extiende hasta la actualidad con este nuevo montaje.

Y es que ser payaso es una cosa muy seria, como el tiempo, ese que perdemos por no saber administrarlo. Por ahí van los tiros de esta charla. Pautas para gestionar bien nuestro tiempo y sacar el máximo rendimiento al día. En definitiva, a no malgastar el tiempo que vuela y se nos escapa entre los dedos. Como la conferencia, que nos avisa a través de una cuenta atrás -angustiosa por momentos- lo que nos queda de disfrute de estos dos magníficos clowns. Aunque con ellos en las tablas nunca se sabe.

Formados por grandes maestros como Miguel Garrido o Gabriel Chamé entre otros, como se suele decir, hay que sembrar para recoger. Y ahora, con el público ganado risa a risa tras veinte años en activo, disfrutan las pocas butacas vacías en sus funciones. Con una escenografía sencilla pero bien aprovechada, el payaso ingenuo intenta agradar al payaso listo sacando punta a todo lo que se pueda. Los momentos más agradecidos son los que se salen del guión y deambulan por esa arriesgada cuerda floja de la improvisación de la que siempre salen triunfadores. Riéndose hasta de ellos mismos, de sus fracasos y convirtiendo la hora que dura el montaje en un manotazo a las excusas que tenemos en el día a día para perder el tiempo.

Tienen esa habilidad los Síndrome, que aunque te contaran lo mismo mil veces, aunque lo contaran con bromas sencillas y directas, trilladas, aun así, te seguirías tronchando de risa en la butaca. Y es que pasa con ellos que no es el qué, sino el cómo. Un cómo que hace que quieras más. Que quieras ver más gags, más pizarra, más baile y más todo.


Se dice en el argot, perdonen la vulgaridad, que el payaso debe estar cómodo en la mierda. En ese fracaso absoluto de no hacer las cosas bien. Y es ahí, en esa ternura infantil que pega pellizcos donde estos maestros de la risa nos enganchan. Con ayuda de la máscara más pequeña del mundo: una nariz roja.

F. Garcon