RESEÑA | EUROPA. BOCETO PARA EL EXÍLIO

"Europa. Boceto para el exilio". Función jueves 27 de abril. Espacio Zaherí Teatro (Sevilla).
Diseño y técnico de luces: Javier Martín.
Interpretes: Marina Miranda y Raúl G. Figueroa.
Texto y Dirección: Raúl G. Figueroa.

Una historia que se repite, una historia que ya conocemos. El individuo que se ve en la necesidad de emigrar hacia tierra extraña y abandonar todo aquello que hasta ahora le acompañó. Y aunque el viaje es huyendo en busca de una vida mejor es inevitable mirar atrás con nostalgia, tristeza y rabia. Y así es como nos habla el texto de Raúl G. Figueroa. Algo parecido a un sueño que rememora el viaje de dos personas que hace ya mucho dejaron de ser jóvenes y ahora recuerdan por última vez el dolor, la esperanza, la desesperación, la ilusión, el miedo y todos esos sentimientos que recorren la mente del que agarra la maleta para, seguramente, no volver jamás.

Él, viviendo en un campo de refugiados que se encuentra a las puertas de la ansiada Europa. Ella, emigrante europea dentro de Europa que huye de una sociedad que la adoctrina para ser una "ciudadana" mas. Dos desconocidos, hombre y mujer, que de forma paralela narran su drama personal y recorren ese camino de vivencias junto al espectador. Una historia que se centra en el conflicto personal del personaje y no del grupo. Porque así es como normalmente se habla de aquello que no nos interesa conocer, de forma general, aglutinando a todos en el mismo saco sin detenernos en lo individual porque de esa forma, como es natural, es más fácil obviar el dolor. De esta manera colocamos una pared delante de la desgracia, y ésta nos permite seguir en nuestra propia burbuja de confort donde no somos capaces de ver el sufrimiento del que está en frente. Porque esta pared es reforzada cada día por los medios de comunicación y vigilada por un sistema que nos incita a odiar al diferente y regodearnos en el desconocimiento que nos libera de problemas que, creemos, no son nuestros.

La propuesta de Zaherí nos empuja a asomarnos al otro lado y nos ayuda a mirar por los resquicios de esta pared a través de los ojos de los dos protagonistas, por Marina Miranda y Raúl G. Figueroa, y conocer su verdad.

Una propuesta aparentemente sencilla pero que cargada de símbolos va narrando la historia. El texto se hace notar en su justa medida, la emotividad de esta propuesta no solo viene a través de la palabra ya que solo aparece en momentos puntuales para introducirnos en la historia o profundizar en ciertos momentos de los protagonistas, pero gran parte de la carga emocional que muestran los actores se da a través de un gran trabajo físico que da cabida a otros muchos sentimientos que parecían ocultos.

Y es que si por algo se caracteriza esta compañía es por su trabajo honesto con el cuerpo, algo que viene del trabajo diario, que es una parte muy importante del proceso creativo de la compañía. El esfuerzo de traducir el mensaje a través del lenguaje gestual lo tienen inherente estos dos actores que durante la hora aproximada que dura el espectáculo desarrollan una coreografía dinámica y llena de matices dando un sello muy personal a la propuesta. Muestran una interpretación brillante donde ambos destacan de manera individual creando un conjunto muy equilibrado donde juventud y experiencia se convierten en un tándem actoral muy sólido.

Del mismo modo la escenografía juega otro papel importante en la obra donde. A través de pocos objetos (dos sillas, dos palets y dos vallas de madera y alambre), podemos disfrutar de otra historia paralela que es contada a través del uso y colocación de estos elementos que irán cobrando distintos significados en la narración. La máscara, aunque en una dosis muy pequeña, también tendrá su peso en la historia a través de una breve aparición al inicio y al final donde los actores nos presentan a los verdaderos protagonistas de la historia de una manera muy entrañable.

Sin duda estamos ante una propuesta muy completa; una obra delicada que se deja disfrutar y rabiosa que invita a reflexionar. Donde la belleza de la pieza está al mismo nivel que la crítica social que se le plantea al espectador.

Alberto Mejias.