RESEÑA | ESPERANDO A GODOT


"Esperando a Godot". Función sábado 20 de enero de 2018. Teatro Távora Abierto.

Dramaturgia y Dirección: Raúl G. Figueroa.
Diseño de iluminación: José Luis Palomino. 
Elenco: Marina Miranda, Adela Castaño, Javier Martín, Javi Dominguez.
Producción: Zaherí Teatro.

"Godot sigue sin aparecer"

Sorprendentemente Godot no apareció. Después de acompañar durante toda la espera a estos personajes, Vladimir y Estragón, Godot no se dignó a aparecer. Quizás para la próxima.

El cásico de Beckett, texto que nació hace casi ochenta años, sobrevive al tiempo de una manera impoluta. Bien podría haberse escrito en esta década. Muestra la decadencia del ser humano en su máximo esplendor, donde de poco tiene sentido la vida que él mismo parece haber destruido. Todo ello a partir de una situación tan lineal y repetitiva como es la espera.

Vladimir y Estragón o Didi y Gogo, parecen estar dispuestos a esperar al tal Godot durante toda la eternidad y es ahí donde el autor refrenda lo absurdo de nuestra existencia.

La propuesta que hace Zaherí marca un punto y aparte en las representaciones a las que podríamos estar acostumbrados sobre este texto, y no solo por el planteamiento que se puede esperar de una compañía que marca sus propuestas con un lenguaje gestual y simbólico, sino por la nueva lectura que plantea su director a la hora de colocar a dos actrices, Marina Miranda como Gogo y Adela Castaño como Didi, bajo los personajes principales.

Con respecto a lo primero, el lenguaje que desarrollan, encontramos el trabajo ya característico de esta compañía, un ejercicio muy comprometido con el cuerpo y el objeto. Un texto que se encuadra en una línea reiteradamente plana y lenta por la espera, Raúl Figueroa desde la dirección lo convierte en algo muy dinámico donde el movimiento, el juego con el objeto y la creación de imágenes se encadenan durante todo el tiempo, dejando ver la exigencia que puede haber requerido el proceso de creación de este proyecto.

Centrándonos en el elenco, es una apuesta muy comprometida la que se hace colocando a dos actrices en un primer plano con este texto. La obra, sin haber sufrido cambios, cobra un sentido muy actual y reivindicativo. Además de que ambas actrices llevan a cabo un exquisito trabajo interpretativo.

Didi es la que parece no cansarse nunca de esperar, la que pregunta todo y parece creer que de verdad Godot vendrá mañana. Pobre de ella. Mientras que Gogo es la que parece no querer esperar, o no comprender, porque no quiere estar pero sigue allí, esperando mientras espera.

Por el lado masculino del elenco aparecen Javier Martín y Javi Domínguez. El primero interpreta al dominante y arrogante Pozzo, quién encarna la parte más oscura del texto, y que es juzgado por el propio autor que lo deja ciego en el segundo acto y lo condena a una soledad que uno se imagina penosa y solitaria. Martín pisa la escena siendo el actor más experimentado del equipo y da muestra de ello con su fuerza y dominio del tiempo que precisa la grandilocuencia de su personaje. A su lado, Lucky, el esclavo que da la cara contraria. Representando a un personaje que se hace pequeño frente a los otros, lleno de miedo y heridas del tiempo. Javi Domínguez tiene la gran habilidad de ser protagonista en la escena sin pronunciar palabra. Su dominio del gesto hace que su personaje llegue al espectador con mucha ternura y cierta desesperanza ante el sufrimiento que el personaje lleva a cuestas.

Este Godot tiene la habilidad de ser tan sencillo como poderoso, llenando el espacio sin requerir de más elementos que los que portan los personajes durante su acción, e invitando al espectador en el último momento a pensar que debemos seguir jugando aunque no sepamos hacía donde vamos.

Reseña: Alberto Mejias.
Fotografía: Selegna Ziur.