Reseña | El lunar de lady Chatterley

"El lunar de Lady Chatterley". Función del sábado 3 de noviembre de 2018. Lope de Vega.

Texto: Roberto Santiago.

Dirección: Antonio Gil.

Intérprete: Ana Fernández.

Escenografía: Sean Mackaoui.

Iluminación: Gustavo Pérez Cruz.

Diseño espacio sonoro: Iñaki Rubio.

Diseño de vestuario: Montse Sancho.

Producción: MARZO PRODUCCIONES ARTÍSTICAS, SL



Siempre es interesante ver a Ana Fernández pisar las tablas en su tierra. La actriz encarna a Constance, una mujer valiente y adelantada a su época que defenderá con uñas y dientes su derecho a ser libre.

Roberto Santiago escribe el texto a partir del libro El amante de Lady Chatterley, de D.H. Lawrence. En 1928, la obra del autor inglés causó gran revuelo e incluso estuvo prohibida más de treinta años. La novela, con tintes eróticos, narra la vida de Constance Chatterley, casada con Clifford Chatterley, parapléjico por lesión de guerra con el que sólo le unen los papeles del matrimonio. La protagonista encuentra en Oliver Mellons, un empleado de su esposo, la pasión y el sexo. Parcelas fundamentales y que para Constance parecían no existir desde hacía tiempo.

En el montaje, Roberto Santiago sitúa a la protagonista en un juicio repleto de hombres y en el que, asumiendo su propia defensa, abogará por argumentar su infidelidad. El marido la demanda porque le quiere arrebatar la pensión que le quedó tras la muerte de su madre. Antonio Gil propone desde la dirección una puesta en escena sencilla, premiando la palabra y dejando en manos de la actriz el peso del espectáculo.

Un reto que Ana Fernández asume con maestría. Desde el inicio agarra al público y no lo suelta hasta el final. Con la dificultad que conlleva estar sola en el escenario durante una hora y cuarto. Juega con la imaginación, hace que el público sienta al juez, al alguacil, a su marido o al fiscal tan cerca que se convierte en uno más de la función. El respetable forma parte de una defensa valiente y con coraje. Como guinda, la interprete utiliza sus recursos cómicos para en momentos puntuales provocar la risa. Su mirada juega a favor del montaje, abre los ojos y engancha. El texto dibuja un sentido del humor afilado, irónico y sutil. Ayuda que en varios momentos la actriz baje las escaleras y camine por el patio de butacas.

La escenografía de Sean Mackaoui es sencilla pero efectiva. Elegante. Y crece sobremanera cuando la iluminación de Gustavo Pérez Cruz y el sonido de Iñaki Rubio se ponen en marcha. Crean una atmósfera con personalidad que no roba protagonismo a la actriz pero que, a su vez, la sitúan en la sala del juzgado. 

Sin duda un texto necesario ya que, a pesar de estar inspirado en hechos que sucedieron en el siglo pasado, la realidad sobre el papel de la mujer en la sociedad y lo arraigado del sistema patriarcal dan valor a este tipo de propuestas. De nuevo, el teatro como herramienta de cambio social. Queda mucho por hacer pero el arte, una vez más, pone su granito de arena en busca de un mundo un poco más justo. 


Fran Garcón.