Reseña | Cinco horas con Mario

"Cinco horas con Mario". Función del miércoles 6 de febrero de 2019. Teatro Lope de Vega.

Autor: Miguel Delibes.
Adaptación: Miguel Delibes, Josefina Molina y José Sámano.
Dirección: Josefina Molina.
Reparto: Lola Herrera.
Diseño de iluminación: Manuel Maldonado. 
Técnico de iluminación/sonido: Manuel Maldonado. 
Música: Luis Eduardo Aute. 
Espacio sonoro: Mariano Díaz. 
Espacio escénico: Rafael Palmero. 
Distribución: Pentación Espectáculos.
Productores: José Sámano y Jesús Cimarro.

"Era tarde para tu costumbre. Pero al abrir las contraventanas aún pensé que pudieras estar dormido..."

Pasar una hora y media con Lola Herrera en un teatro debería ser asignatura obligatoria. Al menos así lo entendió el público sevillano que agotó las localidades de Cinco horas con Mario a su paso por el Lope de Vega. En marzo de 1966, Carmen Sotillo pierde a su marido de forma repentina. Cuando las visitas se marchan y la ausencia golpea la habitación, la protagonista vela en soledad el cadáver de su esposo iniciando un monólogo-diálogo que desentraña la relación del matrimonio y sus conflictos cotidianos.

Sámano y Delibes radiografían con escrupuloso detalle una generación que se despedía de la dictadura y abrazaba el nacimiento de la democracia. Y lo hacen a través de las palabras de Sotillo. Lola Herrera dispensa fuerza, ternura, una dulcísima voz y la maestría de quien lleva toda la vida subida a las tablas. Y por si fuera poco, humor. Una risa incómoda producida por chascarrillos sobre temas que parecen estar ya superados. Y es que su visión chocaba de raíz con las ideas liberales de Mario.

La obra se convierte en una crónica de un tiempo concreto en la historia de este país. De las preocupaciones mundanas sobre la economía, la religión, la política o la sexualidad. Herrera y Josefina Molina en la dirección forman un equipo sin fisuras que engrandece el texto de Delibes. Lo hace carne. La conservadora Carmen Sotillo nos hace viajar a un tiempo lejano pero cuyos ecos -sobre todo en estos últimos meses- parecen no dormir del todo. Historia necesaria, sobre todo, para los jóvenes que por el motivo que sea piensan que todo lo ganado no costó nada. La escenografía, la iluminación y el sonido dan empaque al conjunto. Un conglomerado que domina Herrera de principio a fin.

Es una lástima que sigan sonando móviles. Hasta en tres o cuatro ocasiones. Eso sí ha cambiado desde que la obra se estrenara en 1979. Y ese cambio es a peor. Eso y la tos. Claro, es invierno y es lógico que se vaya resfriado al teatro. Pero, ¿son normales estos conciertos? Acaba una y empieza otra, termina esta y suena la de más allá. Algunas más tímidas, otras sin decoro, algunas asustadizas y otras de incipiente final. Sean como sean, retumban como golpe seco. Distraen.

La pieza, al fin y al cabo, retrata los temas de siempre. Los grandes temas que rodean al ser humano. La soledad, la culpa, la incomunicación o el mismo sentido de la vida. Y todo durante una conversación con receptor en cuerpo presente y un emisor llenando la estancia de confesiones que, tal vez, nunca hubieran sido pronunciadas de otra manera. A veces, por cobardía, se nos hace demasiado tarde para decir lo que llevamos dentro. A veces, con las prisas, se nos hace demasiado tarde para ir al teatro. Busquen a Lola Herrera allá donde trabaje y disfruten de su arte.

Fran Garcón.