Reseña | Amazonas

"Amazonas". Función del sábado 26 de octubre de 2019. TNT Atalaya. 

Texto y letras del cante: Luz Valenciano

Dramaturgia y Dirección: Juana Casado

Intérpretes: Rosario Toledo, Inma la Carbonera, Ana González, Melisa Calero, Elisa Villalba, Elisa Muñoz, Inma Morales, Macarena Sánchez Jurado, Ana Howe y José Manuel León.

" Las amazonas se contaban allí por miles, con sus escudos de media luna y su reina Pentesilea en medio de su ejército, inflamado en llamas por su pasión por la guerra. Allí, mostrando su pecho desnudo adornado con una cinta de oro, estaba la doncella guerrera, osando enfrentarse a los hombres en la batalla"

La Eneida. Virgilio


Sobre la escena del teatro, entre tambores de guerra y columnas clásicas, las amazonas se predisponen para la batalla. Plantan cara, reivindican su lugar en una sociedad gobernada por el hombre. Son inquebrantables en su idea. Tan sólo la muerte hará que cese su lucha.

La directora Juana Casado recupera a las Amazonas, siempre entre el mito y la realidad, levantando para este espectáculo una potente propuesta que transita con éxito desde el coro griego al cante y baile flamenco. Amazonas es danza, pero también teatro. Es tragedia clásica pero también drama contemporáneo. Es sincronía y movimiento pero sobre todo es mensaje y verdad. Un mensaje atemporal que fácilmente puede reflejarse en la situación actual de la mujer en nuestra sociedad.

El espacio escénico está practicamente vacío, salvo unas cañas largas al fondo que hacen las veces de arco ( según la mitología, las amazonas quemaban uno de sus pechos para depurar el manejo de esta arma ). A un lado de la escena se levanta una galería de columnas clásicas a modo de frontera tal vez, entre la sociedad libre de mujeres guerreras y otra sociedad, la del hombre, con normas impuestas que ellas no pretenden aceptar. Son los tambores que utiliza cada intérprete los que adquieren protagonismo y sirven para crear los diferentes espacios que acogen a la acción dramática, la danza y los textos. Construyen con ellos imágenes corales de enorme belleza, siempre al servicio del mensaje de la obra.

La vida y la muerte alternan en la escena catapultadas con inusitada potencia hacia el espectador. Y es que si algo no deja indiferente en la butaca del teatro, es precisamente la fuerza y verdad de cada una de las intérpretes, arropadas casi siempre por la guitarrra de José Manuel León, el único hombre del elenco. En ellas y no en lo que hacen, sino en cómo lo hacen, reside el secreto del éxito de este montaje. Cantan, bailan, interpretan el texto y crean acciones corales y poéticas con sus cuerpos, los tambores, los arcos, las columnas... un trabajo muy completo y riguroso que eleva la propuesta y permite no apartar la atenta mirada que roban desde el principio al espectador. Claramente sudan lo que sienten y hacen sobre las tablas. Eso siempre seduce e hipnotiza al público, que lo agradeció al final con una larga y merecida ovación.

Aunque la magia de esta energía radica en el trabajo coral, cabe destacar la contundencia de la cantaora Inma La Carbonera. Con una voz desgarrada y dura, pero a la vez frágil y vulnerable, y con el claro compromiso de hacer llegar al espectador cada una de las palabras de la letra que interpreta.

El ritmo trepidante y violento refuerza también la dramaturgia de la obra, consiguiendo momentos brillantes y verdaderamente emotivos: la escena final hace olvidar que estás en la butaca del teatro, aunando el sentido de la tragedia clásica con un coro eminentemente contemporáneo. La potencia de las imágenes creadas por las actrices adquiere aquí un estadio superior. Nos encontramos pues con un espectáculo muy completo y con un elenco que brilla por su técnica y su expresividad, pero también por su compromiso con el mensaje que se esfuerzan en transmitir.

Sin embargo en esta fusión de lenguajes, agradecida pero arriesgada, por momentos se echa de menos matizar la intensidad de la interpretación, siempre violenta, siempre agresiva. Acertada en la mayor parte del tiempo, pero algo excesiva en momentos anecdóticos. Esto provoca que algunos pasajes de la obra no se comuniquen con la claridad necesaria para que podamos entender mejor la historia que quieren hacernos llegar. Origina también que el salto del texto al canto o al baile nos resulte algo brusco en contadas ocasiones, que necesitarían quizás un poco más de atención y valoración.

No obstante, nos encontramos frente a una propuesta muy contundente y de excepcional potencia dramática en el momento teatral que vivimos, algo apocado últimamente en ciertos sectores. se agradece por tanto la doble valentía de estas mujeres. Valientes por el mensaje, necesario más que nunca y que recupera además el espíritu crítico, luchador y de denuncia que no debe perder el teatro y que nos lleva siempre a la reflexión, ese campo que como seres humanos ya no abonamos como antes. Doblemente valientes por la fusión de los lenguajes. Eso que para muchos puede resultar falta de respeto a la tradición, tanto flamenca como teatral, para otros muchos vuelve a poner en marcha el motor que hace girar la rueda del arte para avanzar y encontrar nuevos caminos.

Estas Amazonas merecen su éxito y se ganan por derecho propio formar parte de la historia del teatro de nuestro tiempo.


Raúl G. Figueroa