Opinión | Disfrazarme de monstruo me libera

Marie Delgado Trujillo // Disfrazarme de monstruo me libera.

En este artículo me gustaría hablar sobre el poder liberador del disfraz de monstruo como arma de expresión artística. Pienso que bajo la apariencia de bicho las personas somos capaces de desprendernos de multitud de prejuicios y complejos, sacando a la luz las más profundas emociones de nuestro ser. Sería genial rechazar el modelo de belleza establecido en nuestra sociedad para ofrecer un panorama variado y liberado, fuera de cánones artificiales. La mejor forma de abrir este prisma sería optar por la deformación voluntaria, tomar el camino de la descomposición como medida irreverente ante el sistema.

Como creadora pienso que adoptar la fealdad como forma de expresión estética en las composiciones teatrales que hago me ayuda a establecer un desahogo del día a día. La utilización de prótesis faciales, maquillaje y pelucas hacen que sea capaz de que todo lo que tengo en mi cabeza salga a la luz en forma de performance. En la vida real soy bastante tímida, pero cuando me caracterizo y me disfrazo de algo que la sociedad considera repulsivo, soy capaz de sacar el descaro y el desfase que llevo dentro. Realmente, vestirme de monstruito me libera de mis propios complejos y prejuicios con la imagen, haciendo que me sienta indestructible. Mi imaginación se atreve a jugar con otras identidades para luego volver a la persona real que soy, la cual es totalmente distinta a la que muestro en escena.

Creo que mostrarse ante un público como "lo peor"es tremendamente divertido e incluso sano, ya que normalmente solemos ocultar públicamente aquello de lo que nos avergonzamos. Es por esto que, si nos dejáramos llevar por lo que consideramos horrible de nosotros mismos, podríamos sentir una auténtica liberación ante la vida.

Vivimos en una época en la que continuamente se busca la perfección física, acudiendo a la ciencia y la tecnología para modificar el fallo. Esta forma de vivir la vida, intentando encajar en los cánones aleatorios que la sociedad impone, produce verdaderos trastornos dismórficos en algunas personas. El resultado de todas estas obsesiones estéticas normalmente declina en el padecimiento de insatisfacción con la imagen. A veces creo que los primeros traicionados al no aceptar nuestra apariencia somos nosotros mismos. La sobreexposición en redes sociales hace que vivamos por y para mostrar nuestra mejor cara, la mayoría de las veces una cara ficticia, totalmente idílica, que realmente produce una gran frustración. Kim Kardashian, la celebrity de moda, acaba de reconocer recientemente que sufre dimorfa, un trastorno que consiste en la alteración de la percepción que una persona tiene de su propia imagen física. Esta enfermedad es también conocida como "Síndrome de la distorsión de la imagen" o "Síndrome del espejo". Personalmente, encuentro un gran foco de inspiración en esta enfermedad, ya que cada vez más personas la sufrimos actualmente.

Cuando reflexiono sobre qué puedo hacer yo para resguardarme de mis inseguridades se me viene a la cabeza la importancia del sentido del humor. Creo que la comicidad y la actitud lúdica nos podrían ayudar a la hora de expresarnos artísticamente. Es por esto que ante toda esta exigencia que parece rodearnos, yo elijo crear partiendo desde la imperfección, lo feo, lo deforme, lo descompuesto y lo ridículo. Prefiero infinitamente ocultarme tras las deformidades y liberar mi verdadero ser, ese que no soy capaz de sacar al natural. A veces lo que ocultamos es precisamente lo más valioso.

La violencia en el arte me parece una de las herramientas más valiosas. Siento una inclinación especial por componer historias sobre seres deformes que deben enfrentarse a la vida, pasando por todo tipo de adversidades simplemente por su propia condición física. Me gusta convertir al perdedor en el protagonista de todas las historias, transformándolo en una especie de héroe. La idea principal en todas las creaciones en las que trabajo es sacudir al espectador con la fealdad. Ya que la sociedad nos incita a la belleza normativa, mi respuesta es crear espectáculos en los que se valore todo lo contrario. Me motiva la unión entre dolor y comicidad, el uso de la ironía, el cachondeo y el surrealismo.

Me parecería estupendo que dejara de utilizarse la palabra "raro" en general, pero sobre todo en lo referente al arte, ya que pienso que el arte no puede catalogarse ni de "raro" ni de "normal", simplemente es una forma de expresión altamente subjetiva. Sería muy positivo que los propios artistas lucharan por ofrecer alternativas, resistiéndose a caer en lo normativo como forma de creación. También me parecería estupendo que estos creadores se lanzaran a las calles y experimentaran más a menudo. Con esto no digo que no existan este tipo de artistas, solo que me gustaría verlos con más asiduidad por las calles. Realmente creo que para salir a la calle a realizar una performance bastaría con tener actitud y una buena idea en la cabeza, sobre todo si la acción que se realiza tiene un componente cómico podría ser especialmente atractiva para el espectador.

En La TARARA TEATRO, compañía en la que ejerzo como directora y actriz desde hace seis años, trabajamos con este concepto estético basado en la deformidad y la descomposición. Cuando comenzamos con un nuevo proyecto siempre tenemos una imagen concreta de lo que queremos, luego vienen las ideas que rodean a las imágenes y finalmente se crean los personajes y la estética de la obra. Primero se realiza de forma mecánica y luego llegan las emociones a los personajes. Las historias de las obras que escribo siempre giran en torno a la familia, tomando como eje central las relaciones y vínculos que se crean entre los componentes de esta. Teniendo en cuenta todo este imaginario de descomposición corporal hicimos nuestra primera obra El niño adefesio, en la que se relata la historia sobre el intento de asesinato de unos padres a su hijo deforme. Durante el proceso de este montaje teatral comenzamos a trabajar desde la danza y el movimiento hacia un camino de descomposición física y emocional. Partiendo de esa base seguimos trabajando en esta línea hasta la actualidad. En estos meses nos encontramos en el proceso de ensayo de nuestra próxima obra Grasa mala.

Espero poder seguir pasándomelo bien, viviendo de manera intensa y hermosa mis transformaciones sobre los escenarios de aquí, de fuera y de donde sea.