ENTREVISTA | ZAHERÍ TEATRO

Entrevista con motivo del estreno de "Esperando a Godot". Zaherí Teatro.

19/20 de enero en el Teatro Távora Abierto. (20:30h)

Al igual que en otra ocasión, volvemos a ser invitados al espacio de trabajo de la compañía Zaherí. Un espacio humilde, lleno estos días de ropa y objetos amontonados a un lado ante el trabajo frenético que siempre acompaña a todo estreno. 

Nos encontramos sentado sobre una silla a Raúl Figueroa, director del grupo, junto al elenco que escucha sus indicaciones desde el suelo antes de comenzar el ensayo. Una vez marcado el trabajo a los actores; Javier, Adela, Marina y Javi. El elenco comienza con su ensayo y nosotros nos quedamos a un lado, junto a Raúl, para hablar sobre el estreno de su "Esperando a Godot".

Pregunta: Zaherí pasa de un proyecto original como "Europa" a todo un Godot. ¿Qué lleva a la compañía a hacer una obra de este tipo?

Raúl: Siempre hemos llevado a la escena obras críticas o de denuncia muy directa, algunas con una crítica más escondida, por así decirlo, y otras muy clara y contundente como es "Europa". Siempre han sido textos míos y creo que por una cuestión natural. Claro, después de siete años de compañía aparece la necesidad tanto del grupo como mía de construir una obra reconocible, por así decirlo. Con el Godot, estamos hablando de un lenguaje diferente con un tono menos directo pero, es un texto que habla de temas muy universales. Y a pesar de que me gustan los clásicos y bebo de ellos, soy muy contemporáneo y no quería montar ni un Shakespeare, ni una tragedia griega. Quería montar algo más moderno y el Godot es un texto que yo tenía desde hace tiempo en mente, además de ser un objetivo como director para avanzar y no estar siempre trabajando con esos textos que yo he escrito.

Además de esto, el hecho del cambio en la compañía. Marina y Javier, que son el equipo de "Europa", se involucraron mucho más dentro de la compañía y eso también da pie a montar algo más grande, un formato un poquito más ambicioso. Al fin y al cabo crecer y arriesgarnos para seguir vivos.

P: ¿Qué crees que le aporta este equipo al Godot?

Raúl: Respetando mucho al autor, hacemos una propuesta muy personal. A través de la dramaturgia hemos concretado el texto para quedarnos con el núcleo de lo que el autor quiere decir. Y lo más interesante es como descontextualizamos la obra, aunque el propio autor no concreta un espacio y un tiempo claro en absoluto, sino que esto puede suceder en cualquier momento; un futuro donde a raíz de la mano del propio ser humano el mundo está viviendo una especie de apocalipsis, aunque no se dice cual. Pero sí se dice claramente que es por acción del hombre. En ese sentido, ahí se centra lo que nosotros aportamos, una visión actual de ese texto. Que, aún siendo vigente, no aporta esa visión tan palpable.

Y para mí eso es lo más importante. Yo no elijo este texto de Samuel Beckett para homenajear al autor, sino porque me interesa lo que dice y como lo dice. Porque podemos adaptar lo que queremos contar con nuestro lenguaje y eso es muy rico. Nos permite arriesgarnos. Porque todas las propuestas que hemos podido ver del Godot son muy lentas, valorando cada palabra y aquí nuestra visión es totalmente la contraria. Un ritmo muy frenético, valorando lo que se dice, pero a un ritmo muy acelerado y todo basado en el movimiento y en la creación con los objetos y la simbología. Porque, al final, de lo que queremos hablar es del comportamiento del ser humano, esa idea de que el hombre es un lobo para el hombre. Y es en esa línea donde se mueven los personajes, en los lazos de conveniencia y de egoísmo. Eso se ve reflejado en los diferentes estatus de la sociedad que muestra el autor. Porque a pesar de la situación en la que se encuentran estos personajes, esa diferencia social se nota y de manera muy clara.

P: Llama la atención que en el elenco tengas a dos mujeres, tratándose de una obra en la que los cuatro personajes son masculinos. ¿Simple anécdota o fin intencionado?

Raúl: Eso es algo muy importante. Es anecdótico en el sentido de que mi intención es crear con Zaherí una compañía estable, de la manera en la que podamos. Un grupo de trabajo en el que vayamos creando y elaborando una forma concreta de hacer teatro. Y en ese sentido cuando yo empecé con "Europa", primero conté con Marina como actriz y luego con Javi para la parte técnica, aunque el también es actor. Y ese es mi equipo, con el que yo voy a trabajar. Yo ya hace mucho que no busco los actores en función al elenco que requiere la obra, no me preocupa eso, busco los textos a partir de lo que tengo. Yo sé que "Esperando a Godot" son cuatro hombres, pero yo tenía dos mujeres. Pues ya está, cambio a dos hombres por dos mujeres. ¿Qué personajes? Los dos principales. ¿Por qué? Pues porque me parecía muy interesante y muy actual. Estamos en un momento en el que se está hablando muchísimo de la mujer y sus derechos. Porque el tema de la igualdad es algo que está ahí y es muy necesario, ¿Por qué no vamos a poner a dos mujeres? Y ya no es que vayan a hacer el papel de hombre, sino papel de mujer. Porque esto adquiere un valor crítico a la hora de contar esta obra desde la perspectiva de dos mujeres. Y el propio texto, en ciertos momentos, nos da frases que adquieren un valor enorme solamente por el hecho de haberles cambiado el género. Y creo que eso es muy necesario sobre la escena. La mujer a lo largo de la historia viene ocultándose para poder sobrevivir, incluso hoy en día sigue ocurriendo. Y nosotros no nos metemos con esto en una crítica directa, el propio texto lo hace solo, con ese simple cambio de rol de género.

Y por otro lado, ese valor extrapolado, ¿Por qué dos actrices no pueden hacer ese papel? ¿Por qué el teatro tiene que ser masculino? No tiene porqué. Además, voy a decir una burrada pero, hay mejores actrices que actores. Se trabaja mucho mejor con ellas. Y luego habrá actores que lean esta entrevista y digan; "Yo estoy aquí". Mentira, actores rigurosos, comprometidos con lo que hacen y que estén ahí... no es tan fácil.

Por lo tanto, esto viene de una anécdota y sobre todo de una fidelidad por mi parte a un equipo que me responde. Independientemente de si son actores o actrices.

P: Raúl, en este proyecto a diferencia de los anteriores estás fuera de escena y solo te encargas de la dirección. ¿Cómo te has encontrado?

Raúl: Pues muy bien la verdad, básicamente porque no es la primera vez que yo estoy en la dirección únicamente, aunque creo que en estos siete años con Zaherí es la segunda ocasión que no estoy en la escena. Porque de alguna u otra manera siempre acabo metiéndome, incluso en el taller estable casi siempre termino apoyando.

El trabajo de dirección es lo que más me tira, y cada día me tira más, sin perder el cariño a la actuación. Pero el trabajo de dirección es una maravilla porque vas construyendo poco a poco.

Luego también es duro porque la soledad del director es tremenda, porque cuando si el espectáculo sale mal es culpa del director y eso es así. Esa responsabilidad es muy potente pero la tengo asumida desde el principio. Al igual que volver a trabajar un texto que no es mío, con lo que eso conlleva. En cierta manera me está sirviendo para renovarme, porque salgo de lo que estoy acostumbrado, además de que este texto venía con la idea de hacer un espectáculo ambicioso. Y no es que el último, "Europa", no lo fuese, pero el Godot tiene como un componente más. Es más completa.

Si es cierto que es un texto difícil de encajar con nuestro lenguaje, y fue complicado, pero ahora que ya tiene la forma es muy gratificante. Muy arriesgado, porque sabemos que es una propuesta que no llega a todo el mundo, pero también yo busco eso, porque podría haber hecho un texto mucho más accesible, por así decirlo. Pero esto es lo que nos mueve y así lo hemos creído y montado. Zaherí es una compañía en la que se trabaja codo con codo con el actor.

P: Y haciendo un símil con la obra, ¿Qué puede esperar el espectador de esta propuesta?

Raúl: Pues el espectador va a encontrar un espectáculo muy dinámico, como siempre en nuestras propuestas. Algo muy rítmico, con mucho movimiento. Y aunque no es tan acrobático como "Europa", si una propuesta en la que los personajes no paran de moverse, crear direcciones, trabajar con el objeto y crear imágenes entre todos. Y, por supuesto, el espectador se lleva una reflexión, o eso espero. Es algo muy sencillo, y es cómo es el ser humano. Somos capaces de tener lo peor y lo mejor dentro de la misma raza. Y es lo que me interesa que el espectador se lleve a casa, que se vea reflejado en cada uno de esos personajes y en como reaccionarían en esa hipotética situación en la que no queda nada. ¿Yo que haría?

Y, por supuesto, la esperanza. Porque es una obra en la que a pesar de que muchas veces se manifiesta la desesperación, al final parece que aparece la luz.

Entrevista: Alberto Mejías // Fotografía: Alejandro Talaverón