ENTREVISTA | TEATRO TÁVORA ABIERTO

Hoy charlamos con José Luis Palomino, uno de los promotores del proyecto Teatro Tavora Abierto, cooperativa que se hizo cargo del prestigioso Teatro Távora cuando pasaba por uno de sus peores momentos. José Luis, profesional de las artes escénicas que formó parte durante muchos años de La Cuadra como técnico y que después de varios años alejado de este proyecto, en 2014 junto con otro dos compañeros decide levantar de nuevo este teatro tan emblemático de la ciudad. Nos habla del proyecto y sobre cómo ve el teatro actual sevillano.

Explícanos el proyecto "Teatro Távora Abierto"
Pues cuando se vio que el Teatro Távora se iba al garete por el concurso de acreedores, Paco Casero, Pepe García del Teatro Lebrijano, Salvador Távora y algunos más tuvieron la idea de hacer la Plataforma Salvar el Teatro Távora. El objetivo era aglutinar a la gente que alrededor de La Cuadra siempre habían estado defendiendo el lugar, su trayectoria, etc. Entonces, se hicieron unas jornadas de puertas abiertas de tres días seguidos ininterrumpidos, de teatro, danza, talleres, no se paraba. Desde por la mañana hasta por la noche, que incluso nosotros hacíamos turnos en la nave para dormir.

Yo llevaba en La Cuadra desde el año 1989, pero por malinterpretaciones lo dejé y no volví a querer saber nada de esto. Pero, en las jornadas claro... Salvador es Salvador, y ya está. Tiene sus detractores, sus bueno y sus malos, pero no cabe duda de que es un tío relevante en el teatro. Porque tiene un teatro, una sala, que no es normal. Hay pocas salas como esta. Y bueno, tres técnicos que estábamos en las jornadas dijimos. ¿Qué tenemos que perder? No tenemos curro, trabajamos de los bolos que hacemos pero ¿Qué hacemos en casa? O ¿tomando birras? Entonces decidimos quedarnos en la sala sin cobrar y empezar a mantenerla. Limpiamos el taller, ordenamos material... Lo reestructuramos todo. El Ayuntamiento siempre había prometido ayudas, cuando estaba en la oposición y aquí vinieron todos; Espadas, el PP, Podemos, el otro, el de la moto... todos. Nosotros somos de tendencia de izquierdas, pero apolíticos totalmente en ese sentido, y nada, ahí dijeron todos cuales eran sus aportaciones. Nosotros las copiamos, están en hemeroteca y después fuimos a pedir cuentas (Risas).

Entonces, el único que ha respondido de verdad ha sido Espadas, porque prometió ayudas, económicas no pueden ser, porque un Ayuntamiento no puede financiar una entidad privada. Pero si nos mandó a David Pino, que es el Director de Innovación del Ayuntamiento, un tío con una pasión y unas ideas excelentes, y nada, nos leyó la cartilla. 'Señores, la única manera de salvar esto es haciendo una cooperativa ¿Qué es lo más duro y difícil de encontrar en una cooperativa? No es ni dinero ni estructura ni nada. Es simplemente gente que trabaje, ¿estáis los tres?', nos dijo. 'Si, estamos los tres. Sin cobrar, pero estamos' (risas) y a partir de ahí empezamos y así fue como creamos la cooperativa.

A raíz de ahí llegó Concha Távora, hija de Salvador, se metió de lleno en el proyecto y es la presidenta de la cooperativa, como no podía ser de otra manera. Y nada, tres técnicos, tres socios inversores y nada, poquito a poco.

¿Y cómo valoras estos primeros pasos de la cooperativa?
Pues mira, en las jornadas se llenó evidentemente, era gratis. Se hizo un ambigú con el que pudimos amortizar algo los gastos. Pero se trataba de dar a conocer la sala y que viera la gente que era un espacio que servía. Pero claro, el problema de la sala es que pusieron las entradas muy baratas para que se llenara. Y una gestión con entradas a 5€ o 6€ no puede ser. No se puede consumir cultura por la cara y nosotros decidimos que eso no podía ser así, la cultura no puede ser gratis, ni por parte del Ayuntamiento ni por parte de nadie. Quien quiera cultura que la pague, igual que se paga por ir al museo o ir al cine.
Y la verdad es que nosotros estamos muy contentos, porque ahora mismo todo es evolución, tenemos público, hemos hecho una producción nueva, Quejío, tenemos un sistema de taquilla, ahora estamos cobrando, algo, pero cobrando. Y eso hace que también tengamos material, como iluminación o sonido. Porque antes es que no teníamos ni para comprar cinta. Entonces, la valoración es positiva en todos los aspectos. Y de público muchísimo mejor, ahora la gente viene, y la gente del barrio viene a ver que hay en el cartel. Gente que nunca había venido al teatro en su vida. Y por eso para nosotros está siendo muy muy positivo.

¿Cuál es vuestra filosofía a la hora de programar en el Teatro?
La programación la llevo yo que he sido técnico toda mi vida, y la verdad es que no nos hemos querido delimitar, ni nos hemos impuesto ningún tipo de programación. Evidentemente La Cuadra siempre ha tenido un sesgo izquierdo-anarcosindicalista y nosotros también, nosotros somos radicales reincidentes (risas) y lo único que queremos es vivir de esto. No queremos ganar dinero, queremos vivir de esto y que la sala se mantenga. Porque la idea es que esta sala sirva para que todo el mundo tenga un sitio donde expresarse, sea quien sea. Puede ser desde Bobby McFerrin hasta Zaherí Teatro que es una compañía sevillana de puta madre que no tiene dónde mostrar su trabajo. También ha pasado por aquí Sennsa Teatro y muchas más compañías sevillanas buenas que nadie acoge porque, evidentemente, las salas son comerciales. Y aquí hemos llegado a ganar 12€ por dos días de función (risas), pero los que han venido han podido disfrutar y ellos han podido expresar su obra.

¿Qué tenéis en mente de cara al futuro?
Nosotros queremos hacer de esta sala un referente, y no solo para el teatro sino para la reivindicación de cualquier tipo de historia. Tenemos pensado talleres, jornadas sobre el tema palestino... todo lo que haya que denunciar que se denuncie desde la sala y no solo con teatro. Además de campañas escolares, que ya hemos hecho algunas en inglés, que me he quedado flipado por cómo reaccionan los niños y además que se llena. Pero desde luego no va a ser nada convencional.

¿Cómo ves el teatro sevillano actualmente?
Hombre, a mí el teatro sevillano siempre me ha parecido un poco como el teatro mexicano de los 70 o algo así (risas). No en serio, en ese sentido por ejemplo hemos tenido al Cicus, mucho universitario haciendo teatro. Hay muchos centros cívicos donde se hacen obras muy buenas, pero claro, una obra que merece la pena tiene que estar en un sitio que merece la pena. ¿Qué tenemos? El Central, Sala Cero, Atalaya... poco más. Lope de Vega evidentemente, pero que en ese aspecto el teatro sevillano como no sea una cuestión de lucha... nos vamos a comer, vamos nos lo vamos a comer individualmente si no nos unimos y hacemos las cosas bien. Yo por ser de teatro no puedo entrar gratis en una sala, todo lo contrario, es que hasta el propio Salvador paga sus entradas, en su propia sala. Pero claro, es la forma de ser de cada uno.
Y luego hay festivales y encuentros que se limitan siempre a lo mismo, programaciones en las que siempre están los mismos porque hay obras que solo se representan en un sitio, ¿Por qué? Porque da exclusividad, cosa que me parece muy bien. Pero algún día necesitarás otro sitio y a lo mejor no lo tienes. Entonces... somos muy corporativistas para entrar gratis en una sala, pero somos muy poco corporativistas para compartir una sala. Es decir, ¿no tienes donde actuar? Aquí tienes una sala. Y aquí ha venido gente gratis, sin pagar un duro de alquiler, pero porque no tienen. Y es lo que hay y lo que nos toca. Pero es nuestra forma de ser.

Además, un día pensamos, si no hay teatro, con todo el tema este de los refugiados, vamos a comprar un montón de literas y vamos a hacer aquí un espacio de acogida (risas), tenemos servicios, tenemos un cine para ponérselo a los niños, un polígono cerrado, podemos hacer muchas cosas. Y esa es un poco la locura con la que estamos. Pero bueno, evidentemente eso son locuras.

Entrevista A. Mejias

Fotografia A. Talaveron