Entrevista | Ricardo Iniesta

"El teatro sirve como refugio de resistencia"

Ser fiel a uno mismo conlleva, inevitablemente, resistir. El niño que nació en Úbeda -y le da nombre a su Escuela Municipal de Teatro- echó raíces en Sevilla. Eligió Pino Montano para convertir un solar en un refugio que ha ido creciendo hasta convertirse en país, un reducto de compromiso con las tablas. Ricardo Iniesta repasa la trayectoria del Centro de Investigación Teatral Atalaya-TNT que lidera, donde sigue siendo aprendiz -a pesar de los innumerables reconocimientos a lo largo de su carrera- y, sin duda, donde hace bandera de palabras pisoteadas en la actualidad como libertad, igualdad o fraternidad.

Pregunta: ¿Cuál es el secreto para sobrevivir tantos años en un sector tan castigado?

Ricardo Iniesta: Lo fundamental es el trabajo. Como decía Bertolt Brecht, el teatro es cinco por ciento de talento y noventa y cinco por ciento de trabajo. De eso sabemos nosotros muchísimo. Pero también, evidentemente, el componente de la suerte de dar con personas que en un momento dado creen en tu trabajo y te apoyan dentro y fuera de España. Eso ha tenido mucho que ver con el recorrido que hemos hecho por cuarenta países del mundo y por tantas ciudades del país. Hay otro componente, el de ser fiel a uno mismo, muy coherente con nuestra apuesta. No estar al abrigo de las modas. Es que ahora se estila decir el texto así o poner detrás de la pantalla tal cosa, o actores de fama y televisión, eso no lo hemos hecho nunca ni lo vamos a hacer. Tenemos un equipo que se ha ido formando a lo largo de los años y somos muy fieles con las personas que vienen trabajando durante muchos lustros con nosotros. Y viceversa. Con el público y los programadores pasa igual, hay quien cree y les interesa nuestro trabajo y hay quien no. Pero hemos ido ampliando de manera que tenemos como un pequeño país que nos es fiel.

P: ¿Qué sacas de positivo de estos años de trabajo?

Ricardo: Ver que da resultado ser muy leal con uno mismo, no traicionar tus principios y códigos de trabajo, tu ideología teatral.

Creemos mucho en la palabra ideología teatral. Es lo que hemos aprendido de los más de cien maestros de todo el mundo y todas las tradiciones teatrales que han pasado por aquí. Hemos ido como esponjas absorbiendo toda esa enseñanza, esa pedagogía. Luego esa esponja va soltando lo que ha absorbido al público y a todos los actores jóvenes que entran. Somos herederos, no somos protagonistas de ningún camino, somos herederos de todos estos maestros. En nuestro último espectáculo, Rey Lear, se juntan cuatro generaciones. Es interesante como se van nutriendo y unos aportan energía e ilusión; y otros maestría, experiencia y oficio.

P: ¿Habéis sentido el apoyo político durante esta dilatada trayectoria?

Ricardo: A lo largo de estos años, el apoyo municipal ha sido insuficiente, en el sentido de continuidad. Hay personas que se han preocupado y han pasado por aquí como es el caso de Antonio Muñoz, actual Delegado de Cultura o algún alcalde; pero en el campo del distrito, aquí somos de alguna manera el único punto cultural del Distrito Norte -con 80.000 personas- y si lo sumas con el distrito Macarena son 170.000 personas, es la cuarta parte de Sevilla. Más que Jerez. Pues para esta única dotación cultural la delegada del Distrito Norte ha venido una vez en los últimos cuatro años. Nos falta apoyo de lo más cercano. De la Junta vamos teniendo poco a poco. Nuestro máximo apoyo es del Ministerio de Cultura. Nos ha dado el máximo de valoración estando al mismo nivel que el Pavón Kamikaze de Madrid y la Sala Beckett de Barcelona. Ahora mismo hay tres espacios en España, uno en Barcelona, otro en Madrid y este en Sevilla que estamos jugando, por así decirlo, la Champions. Nos han aupado, nos dan una ayuda superior a la que nos da la Junta y muchísimo mayor que la que nos da el Ayuntamiento. Esperamos que las cosas vayan mejorando. A veces son las personas, no los partidos. Te llevas sorpresas, hay gente que aparentemente tienen ideas más progresistas pero no tienen la cabeza tan amueblada como parecía a priori.

P: ¿Sientes que había más libertad hace treinta o cuarenta años que en la actualidad?

Ricardo: En la práctica antes había más libertad. Hemos hecho un espectáculo coproducido por el GREC en Barcelona, Marat/Sade, que en cada una de las ciudades que hemos recorrido el público ha acabado en pie y, sin embargo, hay muchas ciudades de España donde se nos ha prohibido en la práctica ir. Se nos ha dicho por parte de los programadores que el espectáculo no era adecuado para su público. ¿Por qué? Porque es un espectáculo que habla de libertad, igualdad y fraternidad. Y que no hay libertad si no hay igualdad. Muchos ayuntamientos del Partido Popular, no te digo que todos, y bastantes del PNV, en el País Vasco, nos han vetado. Eso es falta de libertad. Es como lo que ha pasado con Luis Pastor en Madrid. A nosotros incluso nos han llegado a cambiar un espectáculo en el Fernán Gómez de Madrid. Nos han cambiado Marat/Sade por Rey Lear. Esto es grave. Me da mucha rabia que en Madrid no se pueda ver este espectáculo todavía, yo espero que se vea.

P: ¿Cómo está el panorama para las compañías emergentes?

Ricardo: Lamentablemente la situación económica hace que sea muy difícil que se creen grupos o compañías con estabilidad. No solamente en Andalucía, en España estamos reuniéndonos un grupo que nos llamamos En Compañías, son compañías de diferentes autonomías y la mayoría son equipos artísticos de un director con un compositor musical y un autor. Compañías con un equipo de actores hay todavía menos. Y aquí no hay compañías estables con sueldos todo el año. Contratan y descontratan a los actores. Nosotros tenemos un sueldo estable todo el año de doce personas de gira más otras siete de TNT y de la oficina. Unas veinte personas con nuestra nómina pase lo que pase al cabo del año. El teatro andaluz sobrevive a duras penas. A parte de nosotros está el Teatro Clásico haciendo espectáculos muy buenos, admiro el trabajo de Alfonso Zurro, pero no pudiendo -no es que no quieran es que no pueden- mantener una estructura estable todo el año. Pepa Gamboa se ha tenido que ir a Madrid, La Zaranda también se fue, Paco Tous y los Ulen, mucha gente que podría estar aquí creando teatro y que lamentablemente se han tenido que ir a Madrid. Es muy difícil mantenerse.

Al mismo tiempo hay mucha gente joven con ganas de crear. Yo les diría a estos jóvenes algo que aprendí de Eugenio Barba: que el teatro es resistencia. El teatro es un espacio de resistencia ideológica, física y mental. Hay que pensar que se está en la resistencia.

Mantener una infraestructura así es muy precario, es muy frágil, hay que estar siempre acertando y haciendo un buen espectáculo. Ahora hay idea por parte del Ministerio, esperemos que haya un gobierno de izquierdas que se mantenga y aparezca un apoyo permanente. En la Junta cada año tenemos que hacer oposiciones y en el Ayuntamiento igual. Parece que tienes que empezar de cero cada año.

P: ¿Hay hueco para el optimismo?

Ricardo: Me ilusiona mucho la gente que viene de Turquía, Italia, etc. expresamente a formarse aquí. Se han formado grupos a partir de esta cantera en Cataluña, País Vasco o Madrid. El hecho de que sigan viniendo y cada vez más -el año pasado tuvimos que duplicar el laboratorio, adelantamos la construcción de un espacio nuevo para no dejar fuera a tantísima gente-. Vinieron más de sesenta personas y sólo habían podido entrar quince, por eso hicimos otro segundo laboratorio y al menos incluir a treinta alumnos. Muchos de los actores de Atalaya han venido de Valencia, Logroño, Santader, Extremadura o Madrid para instalarse y quedarse aquí con nosotros. O por ejemplo La Calaña, que es una compañía residente que harán El Público con motivo del noventa aniversario de Lorca en Nueva York. Se quedan aquí a vivir para seguir investigando después de haber pasado por el laboratorio.

Esto nos hace pensar que hay muchos jóvenes investigando en el teatro, no sólo pensando en hacer casting para entrar en personajes de series de televisión.

P: ¿Qué has aprendido del oficio en estos años?

Ricardo: El teatro sirve como refugio de resistencia, un refugio para resistir a todo ese tsunami de las modas, la mercadería, los cambios políticos o los cambios de tendencias. Desde el refugio, o como dice Eugenio Barba, la isla flotante o valsa, que va a seguir flotando independiente de donde esté el nivel del mar.

El oficio es una permanente revuelta de uno mismo, de estar constantemente poniéndose en cuestión. Nunca intento dar una pincelada donde ya la he dado, intento buscar otro lugar, no copiarme. Es un oficio constante. Esto es un oficio porque estás siempre en permanente aprendizaje, el artesano está siempre observando los nuevos materiales para poder pulir mejor. Aquí está seguir formándote por encima de todo.

Uno nunca termina de ser aprendiz, en el mundo están Eugenio Barba, Ariane Mnouchkine, maestros orientales, Peter Stain, o Peter Brook entre otros, para mí eso son maestros. Nosotros somos aprendices todavía, pedagogos, que enseñamos pero como decía Irene Papas con ochenta años: "Yo sigo siendo aprendiz de actriz". Soy aprendiz de director, lo de maestro me queda muy grande. 

   Entrevista: Fran García

Fotografía: Alejandro Talaveron