Entrevista | La Madeja Teatro

"Pretendemos que el espectador se haga preguntas al salir del teatro"

Diez años de andadura y trece montajes avalan la trayectoria de La Madeja Teatro. El actor Jose Chía y el dramaturgo Borja de Diego atienden a El Bombín de Lautrec a pocos días de estrenar El peso de Judas en La Fundición de Sevilla. Con este espectáculo continúan una travesía especializada en el teatro histórico-patrimonial. 

Pregunta: ¿Cómo nace La Madeja Teatro?

Jose Chía: Surge por el encuentro entre tres amigos que desean hacer algo juntos. Antes de buscar un lenguaje propio nos lanzamos de cabeza al montaje de un texto que nos enamoró: Happy birthday, Miss Monroe!, del dramaturgo asturiano Jorge Moreno. Poco después llegó la necesidad de crear una marca, un estilo y definir un lenguaje. ¿Qué queríamos contar y cómo? Ahí fuimos a lo seguro, a buscar en nuestros gustos personales, en el tipo de teatro que nos gustaría ver, y tuvimos claro que el teatro histórico-patrimonial y el clásico se llevaban la palma. Optamos por afrontar esta corriente desde un prisma distinto, dando una vuelta de tuerca a esas historias y apostando por dramaturgos contemporáneos siempre que fuera posible. También nos atraía la idea de "crear espectadores", así que nos lanzamos a implementar estas directrices en espectáculos de corte familiar. Y aquí seguimos diez años después, con trece montajes a las espaldas y el decimocuarto en ciernes. Seis han ido dirigidos al público adulto (Leyendas de agua dulce, Romeo y Julieta, D. Juan Tenorio...) y siete al familiar (¡Feliz Navidad, Sr. Scrooge!, Aventuras de Lázaro de Tormes, La gran aventura del Ratoncito Pérez...).

Pregunta: ¿Por qué Judas como protagonista de este último montaje?

Jose Chía: ¿Por qué no? (risas). Quizás por la curiosidad que despierta uno de los personajes más célebres de la historia de la humanidad, pero sobre el que apenas se habla en los Evangelios. Hay mucho misterio escondido en este hombre. ¿Qué tiene que pasar por su mente para entregar a la muerte a su amigo, a su maestro? Es algo que tenemos muy asumido, una reflexión que en frío, con la distancia que otorgan los 2000 años que han pasado y el relato de los evangelistas, no invitan a la empatía. Estamos hablando de denunciar y señalar ante la guardia a la persona que más quieres y admiras a sabiendas de que sufrirá y morirá después de eso. El conflicto está servido...

Borja de Diego: Y es un señor conflicto, además. Para Judas supone romper con lo que ha sido su vida hasta ese momento, con sus compañeros apóstoles, con todos aquellos años siguiendo a Jesús... Si se me permite, creo que es un conflicto incluso mayor que el del propio Cristo, porque él al fin y al cabo se entrega a la muerte y con la promesa de la Resurrección. ¿Pero qué le queda a Judas? Si lo hace, ¿qué le queda? ¿Y si no lo hace? Sin traición ni entrega no hay crucifixión, no hay sacrificio y a saber cómo nos quedamos. A mí esta encrucijada me devuelve al "Señor, aparta de mí este cáliz". No es una decisión fácil. Y justo ahí, creo, hay una historia que contar.

Pregunta: ¿cómo ha sido el proceso de investigación y creación del texto?

Borja de Diego: Apasionante. Primero, porque para mí no dejaba de ser un regreso a los mitos con los que me he criado. Lo digo con todo el respeto hacia la fe de los demás. Sin ser religioso, he crecido escuchando una y otra vez la historia de la Pasión. Después, hay mucho escrito más allá de los cuatro evangelistas, y más allá del Evangelio de Judas. No se trataba de dejar una visión para ir a otra y listo, sino de encontrar la nuestra agitándolas todas, una contra otra, e intentando sacar interpretaciones del negro sobre blanco. Con todo esto, me propuse llevar a Judas desde el momento en el que sale de la última cena, confuso, enviolentado, hasta el de la decisión que todos conocemos ya. Dando vueltas sobre sí mismo, azuzado por su propia angustia, siempre lanzándolo contra la tierra, intentando que se notara el peso de esa carga. Yo lo empujaba hacia abajo y él empujaba hacia arriba. Y en esa lucha ha estado el texto.

Pregunta: ¿Y cómo ha sido el proceso de construcción del personaje?

Jose Chía: Ha sido un proceso de ensayos muy bonito. Muy sereno y con mucha libertad para la creación, todo un regalo para un actor. Hemos trabajado al personaje desde el texto, nos hemos pegado a él y nos lo hemos tatuado en la piel, en la mente y en las entrañas. Borja nos ha ofrecido una materia prima inmejorable y ha sido maravilloso ir descubriendo la riqueza de este texto en cada ensayo, en cada palabra. No hemos sido excesivamente ortodoxos en el proceso de construcción, hemos apostado por la intuición y por las necesidades del personaje antes que en una composición física o psicológica. Antonio (Doblas) da mucha importancia a la dramaturgia y desde ahí hemos ido estudiando las acciones tanto intelectuales como físicas que necesitaba el personaje. Poco a poco, Judas ha ido apareciendo y adquiriendo una forma de hablar, de moverse, de respirar, de latir...

Pregunta: ¿Qué tal el proceso de trabajo con Antonio Doblas?

Jose Chía: Trabajar con Antonio es un lujo. Consigue que lo difícil parezca fácil. Es un director con un gran talento y conoce muy bien este oficio, no en vano pertenece a esa gran generación salida del añorado Instituto del Teatro. Cuando empezamos a diseñar el proyecto fue la primera persona en la que pensamos para la dirección y no nos hemos equivocado. También consideramos que era de justicia que volviera a dirigir en su ciudad. Antonio no sólo ha dirigido, también se ha encargado de la escenografía y el resultado es espectacular.

Algo he avanzado antes sobre el proceso de trabajo. Él estudia minuciosamente el texto y viene a los ensayos con las ideas muy claras, pero da mucha libertad para crear y eso es maravilloso, porque genera un ambiente de confianza y relajación en el que es más fácil asumir riesgos. Esta creatividad a flor de piel durante los ensayos provoca que surjan momentos mágicos.

Borja de Diego: Por mi parte, he encontrado en Antonio a un cómplice. Casi desde nuestro primer encuentro entramos en sintonía, e incluso en aquellas primeras ideas en las que no coincidíamos hemos ido encontrando puntos en común, que terminaron siendo destinos. Hemos hablado y debatido mucho y ha compartido conmigo generosamente sus notas. Durante la escritura, que suele ser un proceso solitario, ha hecho que me sienta bien acompañado.

Pregunta: ¿Qué verá el espectador que se asome a la Fundición? 

Jose Chía: Van a ver algo que les va a sorprender, o eso esperamos. No es un montaje "bíblico" al uso. Por supuesto que nos vamos a las entrañas de Judas, a su faceta humana, pero también a la de Jesús y a la de todos los personajes que intervienen en la Pasión. Tras el estreno en Rota pudimos intercambiar impresiones con parte del público y nos dijeron que verían a Judas con otros ojos a partir de ahora. Eso nos encanta. No pretendemos que nadie cambie su visión, pero sí que salga del teatro con preguntas en la cabeza en lugar de respuestas. Y eso este montaje lo garantiza. El espectador se lleva trabajo a casa, habrá debate mientras toman una cerveza después de la función.

Borja de Diego: Creo que la palabra clave es empatizar. Alejar a Judas del monstruo, asumir que es humano, e incluso ponerse en su lugar y, como dice Jose, hacerse preguntas. Con suerte, las mismas que se hace él. Queremos mirarle a los ojos, a ver qué nos encontramos.

Pregunta: ¿Qué hay de actual en un personaje de hace más de dos mil años de historia? ¿Qué semejanzas con la actualidad hay en la historia que contáis?

Jose Chía: Todos hemos tomado decisiones difíciles en alguna ocasión. Todos hemos temido las consecuencias de esa decisión. La contradicción constante, el saber que tenemos que llevar a cabo algo e intentar escapar hasta que asumes que no hay otra salida. Es algo tan actual como hace 2000 años. Estamos hablando de la mente y el corazón del ser humano. Estamos ante un texto que escapa del tiempo del que habla y del tiempo en el que está escrito.

Borja de Diego: Qué bonito es eso que dice Jose. Lo que hay de actual en Judas es precisamente que es humano. Tiene ideas propias, planes, objetivos, sueños, obligaciones, miedos... y contradicciones, claro. Contradicciones con sus compañeros, con Jesús y con él mismo. Como cualquiera de nosotros, porque en ese sentido no hemos cambiado tanto. Llegado el momento, cuando tiene que decidir, está solo. ¿Quién no se siente solo cuando se sabe vulnerable?

Pregunta: El difícil mundo del teatro está repleto de mesías, apóstoles e incluso Judas. ¿Cuesta mucho hacerse un hueco con trabajos tan personales y artesanales como los que nos tiene acostumbrados La Madeja?

Jose Chía: Cuesta trabajo porque nosotros somos una compañía pequeña e intentamos no abarcar más de lo que podemos. Tenemos la suerte de que las salas ya nos abren sus puertas, hemos entrado en algún circuito que otro y la gente nos reconoce y nos sigue. Pero sentimos que ha llegado el momento de dar un paso adelante, afrontar nuevas formas de producción y ser más ambiciosos. El peso de Judas es el inicio de esta nueva etapa y estamos muy satisfechos. Es una coproducción con GNP Producciones. Se enamoraron del proyecto en cuanto se lo presentamos, es la primera vez que trabajamos con ellos y les estamos muy agradecidos. En breve nos pondremos con un espectáculo para público familiar también en esta línea.

Siempre nos hemos encontrado con la ayuda de otros profesionales cuando lo hemos necesitado. Somos afortunados por tener cerca y apoyándonos a compañías, salas y profesionales tan generosos como Pangea Artes Escénicas y su espacio El Portal, con la que colaboramos a menudo y compartimos esta filosofía de sumar para multiplicar. Emprendemos proyectos juntos, compartimos lo que tenemos: equipos, furgonetas, locales de ensayo, contactos... Fruto de estas uniones surge el proyecto A cielo abierto - Noches de teatro en el Centro Cerámica Triana, que llevamos a cabo entre Junglaría Teatro, Un proyecto Corriente, Sennsa Teatro Laboratorio, Apasionaria Teatro y Teatrasmagoria, todos remando juntos para ofrecer un programa de teatro en verano con el apoyo del ICAS.

Entrevista: Fran García.

Fotografía: Alejandro Talaverón.