ENTREVISTA | LA EJECUTORA

En un entorno repleto de libros nos reunimos con Fran Pérez y Julio León, miembros del ya conocido proyecto escénico Teatro a Pelo y artífices a su vez de la dirección y la dramaturgia de "Las dependientas", una obra que llega a la Sala La Fundición el jueves 19 de octubre para quedarse todo el fin de semana. Tras cosechar éxitos en otros ámbitos escénicos y artísticos llegan de nuevo con esta propuesta escénica que fue estrenada con lleno absoluto en sus cuatro pases en marzo del presente año.

El espectáculo se estrenó el marzo de este año también en La Fundición ¿El espectáculo tiene alguna variación con respecto al estreno?

Fran: No. Ha habido evolución lógica porque tuvimos una función este verano, y cuando retomamos los ensayos lo hicimos sin presiones, más relajados. Es un proyecto propio, financiado por nosotros... existía mucha presión en las fechas del estreno absoluto. Ahora lo retomamos con muchas más ganas.

Tras cuatro llenos absolutos de las funciones vimos que creábamos interés en el público y el feedback de la gente nos ayudó mucho cuando decidimos retomar los ensayos, con más tranquilidad, sabiendo que el público responde. Una de las peculiaridades que tiene la pieza es que la palabra funciona al mismo nivel que el cuerpo, la escenografía, la música, el espacio... hay un equilibrio de fuerzas presentes en la obra, que no sabíamos cómo iba a ser percibido por la gente, que suele estar acostumbrada a que el grueso de la obra sea el texto. Para nosotros esa respuesta afirmativa nos sirvió para dar un respiro de alivio y para poder empezar a jugar con cierta libertad.

Julio: Retomar los ensayos fue más placentero, sin la presión de enfrentarlo por primera vez al público. La obra sigue viva, pero está más disfrutada por todos.

Venís de un formato diferente, con representaciones en espacios que no son considerados espacios escénicos al uso ¿Cómo afrontáis ese salto a una sala como La Fundición?

Fran: Nosotros empezamos trabajando con la serie que duró tres años en La Caja Habitada, y a raíz de eso las cosas han surgido de manera natural. Tenemos un público fiel ligado a la serie desde entonces. A partir de ahí salen dos proyectos que tiene mucho que ver con "Las dependientas". Por un lado, nos llaman del Quintero para que seamos la compañía que trabaja allí, que crea para el espacio. Nos vimos haciendo lo que hacíamos para un hotel, pero ahora para un teatro. Por otro lado, a raíz de que Teatro a Pelo va funcionando y cogiendo rodaje, vamos conociendo a muchas compañías y otras tantas se acercan a nosotros con nuevas propuestas, por lo que decidimos realizar un festival que se celebrase una vez al año. Lo hicimos con el compromiso de que no estuviera limitado solo al teatro, sino que en él hubiera sitio también para la danza, la música, las performances... a partir de ahí vimos que los públicos exclusivos empezaban a fusionarse, que empezaban a verse nuevas colaboraciones. En definitiva, nos dimos cuenta de que los límites no estaban tan cerrados. Nosotros empezamos también a colaborar en otros terrenos como el mundo del arte y demás, hasta que nos paramos a preguntarnos ¿Cómo podemos unir todo esto?¿Cuál es el lenguaje en el que podemos mezclar a actrices, bailarinas, músicos, iluminadores, artistas plásticos...? Y empezaron a fraguarse Las dependientas. Digamos que no ha sido un cambio de registro, sino que todo lo trabajado, todas las experiencias, nos han llevado a este proyecto.

Julio: Ha sido un cambio natural. Al pararnos a pensar ¿qué es lo que queremos en este momento? El proyecto surge solo. No nos propusimos hacer un espectáculo de unas características determinadas, sino que salió el tema, salió un poco lo que queríamos trabajar y dio como resultado un espectáculo de sala que no tiene por qué serlo como tal, porque el espectáculo es modificable para adaptarlo a otro tipo de salas.

Fran: de hecho, el año pasado participamos en el proyecto de La Casa del Limonero, un proyecto en el que se ocupaban edificios en desuso y eran convertidos en una especie de residencia de artistas. Contactaron con nosotros y en una de las habitaciones colocamos la instalación de las dos mil bragas, donde las chicas trabajaban cuerpo durante unas dos horas. Las chicas parecían estar en la sala de un museo más que dentro de un espectáculo. Ahí empezó digamos nuestro espectáculo, fue su presentación.

Centrándonos más sobre el proyecto, "Las dependientas" es una obra que versa sobre el individuo, la sociedad... ¿Tiene un sentido que sean cuatro mujeres sus protagonistas o que los nombres de los personajes sean los propios de las actrices?

Julio: Que sean mujeres tiene un por qué, pero no es el germen de la obra. Nosotros pensamos que queríamos trabajar con mujeres, pero nos dimos cuenta al poco tiempo que realmente tenía mucho sentido y que cobraba más importancia el mensaje si se hacía así. El proyecto habla de la autoexigencia, de esa esclavitud, parte impuesta y parte creada por nosotros mismos y es verdad que, aunque esto afecta a todo el mundo por igual, si eres mujer tienes presión añadida. Presiones como la maternidad o la belleza por citar algunas. No estamos ante una obra que hable solo de mujeres, pero sí es verdad que el hecho de que lo sean hace que el mensaje se refuerce. Los personajes tienen el nombre de las propias actrices porque trabajamos desde el principio añadiendo cosas nuestras, lo que no quiere decir que haya rasgos autobiográficos en la obra, pero sí hablamos de cosas que nos importan personalmente a nosotros, al equipo. Hemos compartido mucho, esa ha sido nuestra manera de trabajar. Ellas no hablan de sí mismas pero sí se sienten identificadas con el personaje. Lo que estamos contando es un relato de todo el equipo.

Fran: Cuando ves la obra puedes pensar que en algún momento de tu vida tú también te has sentido dependienta, no hace falta ser mujer para ello. Pero sí es cierto que queda patente que esa sobreexigencia en el caso de las mujeres es una realidad.

El público que se encuentre con vuestro espectáculo frente a la oferta teatral de la ciudad ¿qué puede encontrar en él? ¿Es una comedia? ¿Cómo podemos definirlo?

Fran: Ese es nuestro punto flaco (risas). A nosotros nos cuesta mucho trabajo definirlo como tal. El texto aparece muy tarde en el espectáculo, hay una especie de intro de unos 15 minutos donde no hay ninguna palabra y esto hace que el público responda de distintas maneras cuando el texto hace su aparición; a veces risa nerviosa, a veces desconcierto, a veces silencio... Cada persona puede hacer un viaje porque, en el momento en el que el texto no es tan dominante, cada uno puede hacer la lectura que quiera. A partir de ahí, la gente reacciona con percepciones totalmente distintas. Al final logramos un poco nuestro objetivo; construir un sitio en el que cada individuo pueda hacer una lectura personal lo que hace que a la hora de definir el espectáculo lo tengamos un poco más complicado.

Julio: Muy complicado. Es verdad que no hemos trabajo un código o un género desde el principio, sino temas que nos interesaban y maneras de hablar sobre ello. A nosotros en el proceso había cosas que nos resultaban cómicas y otras que nos emocionaban. La obra no tiene un código cerrado porque hay gente que llora y otra gente que ríe y a los diez minutos se intercambian los papeles. Digamos que para definirlo el espectador tiene que verlo y sentirlo y así sacar sus propias conclusiones.

Entrevista: Alberto Mejías.
Fotografías: Alejandro Talaverón / Mauri Buhigas /Miguel Jiménez.